Un canto gastronómico al puerco

Rufino Peral: "La matanza del cerdo". Este artista asturiano adopta una tendencia cubista y vitalista para realzar las figuras humanas insertadas en costumbres populares, como ésta de la cooperación familiar para la matanza del cerdo.

Me ha enviado Sebastián Damunt, desde Murcia, fotocopia de un delicioso ejemplar que ha encontrado en la envidiable biblioteca que su padre le legó. Me aclara que son dos hojas (cuatro caras a dos columnas) encuadernadas como un librito.  Y lo más sabroso del envío es que se trata de un férvido poema sobre … el puerco.

La trova es  larga en extensión: tiene cincuenta y ocho estrofas; pero es larga también en materia especulativa, pues agota las lindezas que imaginablemente puedan decirse de ese animal.

Aunque en el frontispicio del original no figura el autor, al finalizar el poema podemos leer: Con licencia, en Barcelona, en casa Lorenzo Dèu, Año 1613. Y véndense en su casa delante el Palacio del Rey. Tenemos, por lo tanto, el año y el nombre de un tal Lorenzo Dèu, cuya casa estaba en Barcelona, delante del Palacio del Rey. He ahí el sujeto y su tiempo.

El autor compone su poema en estrofas que tienen forma de quintillas, o sea, con cinco versos, en este caso de ocho sílabas. La rima es siempre consonante; y se atiene a dos principios básicos de esta composición. Primero: que en las estrofas no pueden tener la misma rima tres versos seguidos. Segundo: que los versos no pueden acabar en pareado ni quedar alguno suelto o sin rima.

Esta fue una composición muy utilizada en el siglo XVII. Incluso la poesía popular se atrevió a combinaciones de cinco versos, pero con rima asonante.

El citado autor, por lo tanto, sabe que está jugando con un instrumento imaginativo, pero severo. Y a pesar de que el tema tiene su dificultad, ni una sola vez cae en la chabacanería; aunque a veces hace muy forzado el verso. Desde luego, no estamos ante un poema lírico: es simplemente ingenioso.

Tiene algunos detalles elocuentes. Por ejemplo, muestra una fina perspicacia en la calificación de las sensaciones que priman en el reino animal. Y llega a decir que en el hombre es principal la sensación del tacto, punto éste que ya indicó Aristóteles y luego repitieron los autores que en la Edad Media hicieron comentarios al tratado aristotélico De Anima.

Por estos y otros pormenores, que hago gracia de excusar, me inclino a pensar que el autor pudo ser un divertido dómine con estudios superiores, quizás un abate.

Humor de dómine es la antepenúltima estrofa, dedicada al rabo del cerdo, un apéndice pequeño y retorcido. Pues bien, reconoce el autor que el rabo no parece mostrar cualidades especiales; pero… “que si fuere más derecho / nos pudiera dar provecho / para servir de virote”. O sea, si en vez de retorcido el rabo fuese recto podría servir de vara de saeta. Ahí está. O subraya el hecho de que a San Antón le pongan siempre a su lado “un porquecito lechón”. O que los médicos ronden las carnicerías para ver “el anotomía” del puerco, “muy semejante al hombre”.

Hace loas al tocino, a las morcillas, a las longanizas y costillas; a los lomos y riñones; a los chicharrones; a los adobos.

Con lo dicho podrá el lector entrar en este regocijante rimero de imágenes que sirven para hilvanar sobre el cerdo una divertida e inteligente efigie gastronómica y etnográfica.

Sin cambiar una sola palabra, me he permitido realizar una trascripción del texto al uso actual, que pongo en un archivo adjunto con su título original: Obra Maravillosa, donde se trata las alabanzas del puerco.

Y gracias, Sebastián.

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2 Comentarios

  1. Curioso y simpático este escrito, en realidad, maravilloso, como su nombre indica. Muchas gracias a Sebastián por su generosidad al compartir y a usted, Juan, por recopilarnos siempre cosas interesantes.
    Un abrazo.

  2. Amigo Juan Cruz:

    Cuando he visto nuevo título en tu blog, “Un canto gastronómico al puerco”, enseguida he pinchado con la ilusión de leer tu comentario sobre “Obra Maravillosa”, cuatro páginas de texto antiguo.

    Después de ver tu escrito sobre el tema, no digo que me he quedado sin habla, pues estoy solo y no tengo en este momento nadie con quien comentar nada. Boquiabierto si estoy.

    Rebuscar entre tus libros y releer en la cubierta lo de :”…Juan Cruz Cruz ejerce como Profesor Ordinario de Historia de la Filosofía en la Universidad de Navarra. Dirige la revista Anuario Filosófico y es Subdirector del Instituto de Ciencias para la Familia. Ha publicado varios libros de Historia de la Filosofía, Metafísica y Antropología, y decenas de artículos en revistas especializadas. Entre sus numerosas contribuciones conviene destacar su labor de acercamiento de la antropología al campo alimentario…”

    Tengo que admitir que estas referencias son las que te permiten tocar con una varita mágica dos hojas y escribir lo que publicas hoy en Regusto. ¡Qué maravilla!

    Un saludo,
    Sebastián Damunt

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