Fuerzas o “virtutes”

 

En la dietética medieval es importante la doctrina de las fuerzas or­gá­nicas o virtutes, la cual se entronca con la teoría platónica y aristotélica del alma, el más radical y primario principio opera­tivo de todo el viviente. El alma hu­mana muestra tres nive­les, fuerzas o poten­cias: el racional (lógico), el irascible (fogo­so) y el concupiscible (deseos). Galeno establecía el primer nivel en el ce­re­bro, el segundo en el corazón y el tercero en el hígado. El alma se expresa, pues, en potencias o virtu­tes, modos de apa­ri­ción del alma misma.

La virtus es el principio particular de la operación en cualquier órgano[1].

1º La pri­mera virtus es la naturalis (physiké), con sede en el hígado, y preside las fun­ciones de reproduc­ción, nutrición y creci­miento.

2º La segunda virtus es la vitalis (zotiké), que se ori­gina en el corazón, con­cretamen­te en el ventrículo iz­quierdo, y mediante la acción que el calor cordial ejerce sobre la sangre sutil que allí penetra por el ta­bique interventricular rige la respi­ración y el pul­so por todo el cuerpo: su función es car­dio­rrespiratoria. 3º La tercera virtus es anima­lis (psychiké), a la vez cognitiva (mediante la cual se produce el conocimiento animal de sentir, imaginar, esti­mar y recordar) y motiva (afincada en los nervios y múscu­los, de la cual depende el movimiento vo­luntario y la vida de re­lación).

Esas facultades principales se realizan, a su vez, mediante ffuerzas se­cun­darias, a saber: la virtus atractiva, o capa­cidad de atraer lo que conviene para nutrirse; la vir­tus retenti­va/conversiva, o capacidad para re­tener lo ingresado y de transfor­marlo en sus­tancia propia; y la virtus expulsiva, o capaci­dad de se­gregarlo como desecho.

Por ejemplo, en el estómago se dan esas cuatro fuerzas: la atractiva, por la deglución; la retentiva y conversiva, por la cocción o di­gestión; la excretiva, por los vó­mitos y la ex­pulsión a través del intes­tino[2]. Pues bien, los instru­mentos de esas fuerzas o potencias son los spiritus.

Spiritus vitalis / Virtus vitalis
Con sede en el corazón.
Rige la respiración y el pulso

*

Spiritus naturalis / Virtus naturalis
Con sede en el hígado. Ejerce las funciones
de reproducción, nutrición y crecimiento

*

Spiritus animalis / Virtus animalis
Con sede en el cerebro. Tiene función de conocer
de mover nervios y músculos

*

Espíritus

 

Una tesis conectada con la anterior es que el aire tiene un pa­pel vivificante y deja en el organismo “pneumas” (en griego) o “spiritus” (en la­tín)[3]. Fue Diógenes de Apolonia el pri­mero en subrayar la importancia del ele­mento “aire”, el cual se introducía por la respiración y pers­piración –o sea, pene­trando por la boca y nariz y por la piel– y se transformaba dentro de los vivientes en “pneuma”, sustancia material (no espiritual ni inmaterial), fina y su­til[4], la cual atrave­saba con facilidad tejidos y órganos, acti­vando las distintas facultades o virtutes or­gánicas; el pneuma va al corazón, al hí­gado, al cerebro y al resto del cuerpo, para refrescar unas partes y vivificar otras; com­pensa, pues, el desgaste de la humedad radical y refrigera el calor vital. Estos pneumas o es­píritus pueden ser más o me­nos su­tiles, de­pendiendo de la pureza o su­ciedad de la sus­tancia del aire atraído con el huelgo del hom­bre.

De ahí que los spiritus fueran después concebidos por los me­dievales como vapo­res sutiles y ligeros, generados por la san­gre natu­ral, al contacto con el aire ins­pi­rado, para transportar o difun­dir las virtu­tes o fuer­zas orgánicas desde los miembros más princi­pales a los demás y para facilitar sus operacio­nes: son agentes del movi­miento corporal.

Cada virtus es portada o difundida por un correspondiente spi­ritus. Los espíritus que se refieren a cada virtus fueron clasifi­cados por el galenismo medieval en tres ti­pos[5]: el natural (localizado en el hígado), encargado de las funciones alimenticias, digestivas y generati­vas; el estrictamente vital, cuyo asiento es el corazón, por cuyas venas o arterias pasa, regu­lando el calor innato; y el animal, afincado en el cerebro, por cuyos nervios discurre[6]. La sangre del corazón es neumatizada (llenada de spiri­tus) por el aire que las arte­rias venosas traen desde el pulmón y se di­funde por el sis­tema arterial a todo el orga­nismo. El principal de los tres es el “espí­ritu vital”, vapor de la sangre que está en el ventrículo izquierdo del corazón y fluye con el calor natural por las ar­terias a los demás miem­bros; cuando el espí­ritu vital penetra en el hígado se trans­forma en “es­píritu natural”, distribuyéndose con la san­gre de las venas a los miembros; y cuando el espíritu vital es informado por el cerebro se llama “es­píritu animal”, ejerciendo otras ac­cio­nes, como las sensoriales, pasando por las con­cavidades de los nervios.

 



[1]    La Escuela de Salerno recoge la tradicional doc­trina de que “las regiones del cuerpo humano son cua­tro: la animal, que es la más alta, y com­prende desde el cerebro a la epiglotis. Desde aquí comienza la región espiritual, la cual termina en el diafragma, y en ella se encuentran los pulmones, los bronquios, la tráquea y el corazón. La región nutri­tiva se ex­tiende hasta los lomos o parte inferior de la espalda, y comprende las vísceras, el hígado, la bilis, el bazo, el estómago y el diafragma; la región cuarta com­prende la vejiga, los riñones, los testícu­los, los ova­rios, la verga, y la matriz”. Regimen sa­nitatis saler­nitanum, III, III.

[2]    “Mas entre estas tres facultades es más admira­ble la primera, que es la atractiva. Porque como en aquella masa de la sangre vayan los cuatro humo­res de que están compuestos nuestros cuerpos, que son sangre, flema, cólera y melancolía, cada miembro, como si tuviese juicio y sentido, toma lo que con­viene a su naturaleza, y no toca en lo demás”. Fray Luis de Granada, Símbolo, XXV, 414-415.

[3]      G. Verbeke, L’évolution de la doctrine du pneuma; W. Wiersma, “Die aristotelische Lehre von Pneuma”;  O. Temkin, “On Galen’s Pneumatology”.

[4]      Como el “agente principal” de la animación hu­mana es el alma espiritual, “era necesario que los instrumentos propios e inmediatos de ella se pare­cie­sen y proporcionasen con ella; y, o fuesen pura­mente espirituales, o a lo menos se llegasen mucho a la condición y nobleza de ellos, cuales son los es­píritus de que el alma se sirve para darnos vida, y mucho más los animales, que son como unos rayos de luz mediante los cuales nos da sentido y movi­miento”. Fray Luis de Granada, Símbolo, XXVII, 442.

[5]    “Hay tres espíritus: primero, el natural, que tiene su origen en el hígado; segundo, el vital, que lo tiene en el corazón; y tercero, el animal, que lo tiene en el cerebro. El primero de ellos se expande desde el hígado a todo el cuerpo por medio de las venas que no tienen pulso. El segundo va directa­mente del corazón a todo el cuerpo a través de las arterias. El tercero lo hace desde el cerebro a todo el cuerpo me­diante los nervios” (Iohannitius, “De spi­ritibus”, en Isagoge).

[6]    Sobre los “espíritus animales” dice Fray Luis de Granada: “Si alguno qui­siere entender cuáles son estos espíritus que tanto pueden, digo que son como unos rayos sutilísimos de luz, que corren por los po­ros de estos nervios, y por medio de ellos se distri­buyen por todo el cuerpo. Para lo cual se trae por ar­gumento, que si nos dan con un palo en la cabeza, en el cual los nervios de ella se comprimen y aprie­tan, solemos decir que se nos saltó la lumbre de los ojos; la cual no es otra cosa que estos mismos espí­ritus, que como sean suti­lísimos saltan afuera por esta parte más delicada y transparente de nuestros ojos”. Símbolo, XXVIII, 449-450.

Artículos que te pueden interesar

Restaurante con ambiente familiar: servicio y cuid...  Ignacio Díaz Olano (1860-1937): “En el restaurante”. Con una sólida consistencia dibujística, conserva la línea del contorno y hace entrar ...
Si el hombre se hace cocinando  Cocinar hizo al hombre es un libro de Faustino Cordón publicado por la Editorial Tusquets (Barcelona, 1979). Ha tenido varias ediciones y, aunq...
Dietética medieval, 4: Humores y temperamentos  Los humores Toda la dietética antigua enseña que en todas las trans­formaciones de la sus­tancia humana perma­nece un fluid...
Mesa y dietética medievales Dieta: absorción y liberación de energíaEl hombre necesita energía. El organismo humano se considera hoy como una estructura mecánica inestabl...
Sinestesia: comer sonidos ¿Y si cada vianda tuviera un color y un sonido asociado a un sabor? Este fenómeno asociativo es más corriente de lo que parece. Y a mi juicio que tien...
Un lento camino hacia la cocina: aclimatación y do... Sentido alimentario de la aclimatación y la domesticación¿Dónde tuvo lugar la aclimatación? Hasta hace poco era fre­cuente leer en historias ...
El sorprendente poder de la comida en familia La comida en familiaMi buen amigo Pablo González Blasco, prestigioso médico que ejerce en Brasil, y es Director científico de Sobramfa (Brazi...