"Una historia comestible. Homínidos, cocina, cultura y ecología", de L. Jacinto García

“Una historia comestible. Homínidos, cocina, cultura y ecología”, de L. Jacinto García (Trea, 2013).

En este libro L. Jacinto García –médico que ha escrito varios libros sobre salud y alimentación– se pregunta por qué comemos lo que comemos y qué consecuencias tiene el hacerlo.

Habla el libro de nuestros orígenes como especie y de las adaptaciones que ha sufrido nuestro diseño biológico para sobrevivir. Apunta al desarrollo de la inteligencia a través de la comida, cuyo primer eslabón importante sería el dominio del fuego y la invención de la agricultura y la ganadería. Informa sobre las preferencias culinarias y los modelos productivos; por último, del calentamiento global y del hambre.

Son temas que ya habían sido abordados por mí en sendos capítulos de mi libro “Alimentación y Cultura” (1992), premiado por la Academia Vasca de Gastronomía. Temas que siguen vigentes, sin haber perdido un ápice de actualidad. Véase: El hambre inventiva . (http://regusto.es/?p=4133);  Psicología de la conducta alimentaria  (http://regusto.es/?p=4105)

Su tesis es que el principal motor de la historia ha sido la comida, siguiendo la enseñanza materialista del biólogo Cordón (“Cocinar hizo al hombre”). El autor estima que gracias al anhelo por ahuyentar el hambre, proveerse de alimentos y acrecentar el placer gastronómico, la especie humana ganó en desarrollo intelectual, tecnológico, cultural, demográfico, social y político. No voy a negar que la comida ha sido el lado material de nuestra vida humana, desde su origen. Pero todos los animales han tenido que comer y no por eso han hecho obras de arte, ciudades, libros, actos apasionados por los demás. ¿No sería más fácil argumentar diciendo que el ser humano, en cuanto intelectual, queda espoleado por el hambre y por las maneras de cultivar y cocinar alimentos? Si no se acepta la primacía del espíritu en toda obra humana positiva, difícilmente podría hacerse una teoría de la cultura alimentaria. A diferencia del animal que devora una carne, el hombre come previamente la “idea” que le hace feliz al ingerir la carne.

Cuestión distinta es que, como muy bien apunta L. Jacinto García, las conquistas alimentarias hechas por el hombre, apoyadas por el afán por dominar y explotar la naturaleza –sin el faro de una conducta racional correcta–, hayan traído graves consecuencias, como la contaminación química, la pérdida de la biodiversidad, la sobreexplotación de los mares. Sobre estos últimos puntos, el autor indica algunas pistas muy lúcidas, por donde deberían discurrir los controles generales de la salud.

Artículos que te pueden interesar

Uvas de Muñoz Sola  César Muñoz Sola (1921-), “Bodegón con uvas”. Este pintor navarro, de iniciativa realista e impresionista, hereda en sus bodegones el veris...
Un lento camino hacia la cocina: aclimatación y do... Sentido alimentario de la aclimatación y la domesticación¿Dónde tuvo lugar la aclimatación? Hasta hace poco era fre­cuente leer en historias ...
Estética y ética del comer Hambre, apetito y gulaLas pala­bras «ham­bre», «apetito» y «gula» equi­valen, respectiva­mente, a nece­sidad , a necesidad más gusto, y a gust...
Lamprea en la culinaria de siempre   Costumbres inmemorialesCuando hace algunos años tuve la oportunidad de editar el Libro de guisados de Ruperto de Nola (finales del ...
Para gustos, colores Galletas Pantone de Kim NeillLa rica percepción del mundoEstamos acostumbrados a ver los colores, a oler los olores, a oír los sonidos, a gus...
Txistor y Chistorrada Del parque a la alamedaEse embutido de origen navarro semejante al chorizo, pero más delgado, y que normalmente es llamado “chistorra”, debe s...
Tiempo y fugacidad en los bodegones de Echauri  Miguel Echauri: Bodegón a la intemperieEl simbolismo de la caducidadMiguel Echauri es un pintor navarro con mucha experiencia a cue...