Tomás Hiepes (1600-1674: “Dulces, frutas y vinos”. La simetría de sus composiciones lo emparentan con la pintura de Van der Hamen. La iluminación de sus composiciones es tenebrista, aunque remarca los contornos de los objetos.

Tomás Hiepes (1600-1674: “Dulces, frutas y vinos”. La simetría de sus composiciones lo emparentan con la pintura de Van der Hamen. La iluminación de sus composiciones es tenebrista, aunque remarca los contornos de los objetos. Por la parte literaria, traigo aquí un texto, muy breve, de Francisco Javier Sánchez Cantón, “España” (Hauser y Menet, 1940, pp. 116-120), como testimonio de una secular mirada entusiasta hacia los productos españoles.

‟Larguísimo podría y debiera ser el párrafo de los vinos, una de las mayores riquezas y bienes de España. Son, como todos sus productos y manifestaciones, de una variedad pasmosa. Todos conocen los vinos de Jerez y de Málaga, de Montilla y de los Moriles, la manzanilla sanluqueña, los de la Rioja —Alta y Baja, alavesa y de Hato—, deliciosos para la mesa; los de Aragón y el Priorato catalán, fuertes y ásperos; el de Toro, espeso; el de Valdepeñas, claro; el de Yepes, color rubí y astringente; los gallegos, de tipo escasamente alcohólico y de mucho bouquet. Hay, además, vinos que ya casi no lo son, como el asturiano y el fresco chacolí vascongado. Al lado de éstos, los dulces, como el moscatel del Centro y del Sur, el Málaga, el tostado gallego, hecho con uvas casi pasas, y la malvasía de Canarias, los anises de Asturias, la Montaña y Mallorca, y los aguardientes de Cazalla de la Sierra, Rute, el Ribero del Avia y de Chinchón. Tam­poco se ha de olvidar la sidra asturiana, hecha con olorosas man­zanas.

„De dulces y confituras pudiera escribirse una verdadera geo­grafía; apenas hay convento de monjas sin golosina sui géneris: yemas de San Leandro, en Sevilla; de Santa Teresa, en Ávila; limoncillo, nuez, cabello de ángel y naranja de las Claras, en Redondela. Aparte aquellos postres comunes a casi toda España —arroz con leche, natillas, torrijas, leche frita, etc.—, son de ce­lebrar especialidades como los turrones de Jijona, Cádiz y Zara­goza; los mazapanes de Toledo; las rosquillas de Fuenlabrada, Yepes y Silleda; los roscos de Loja; los pestiños y bartolillos madrileños; los alfajores de Medina Sidonia y de Málaga; el alajú granadino; los mantecados de Estepa y Antequera, y las mantecadas de Astorga; los bizcochos de Calatayud y Monforte y los borrachos de Guadalajara; los boleardos de Túy y los sobados pasiegos; las nueces de Bocairente; las almendras de Alcalá y los almíbares de la Rioja y de Puente Genil; el arrope manchego. Y pasando a Portugal, las golosinas —allí llamadas petiscos— ofrecen variedad no menor; queixadas de Cintra, re­bandas de Thomar, glorias y ovos moles de Aveiro…

„No hay que olvidar la profusión de frutas: fresas de Aranjuez y de Valencia; cerezas y peras de Avila; naranjas murcia­nas y valencianas; uvas de Málaga, Almena, Jerez y la Man­cha ; el albillo madrileño; albaricoques de Toledo; melocotones de Campiel y de Lérida; pavías de Ribadayia; sandías de Talavera y de Cambados; melones de Villaconejos; manzana» de As­turias; higos de Fraga y Sigena; granadas y chumbos granadi­nos; almendras de Córdoba; aceitunas de Sevilla; castañas de Galicia y del Bierzo; nueces de Torio; avellanas de Tineo; pi­ñones de Valladolid…

„Ya lo dijo el Rey Sabio:
España es como el paraíso de Dios…”

[También podríamos recordar aquí libros tan interesantes y  clásicos como el de Emilia Pardo Bazán, Condesa de ( La cocina española antigua, Madrid, 1913); el de Dionisio Pérez (Guía del buen comer español: inventario y loa de la cocína clásica de España y sus regiones. Madrid, Rivadeneyra, 1929); el de Juan  Perucho y Néstor  Luján (El libro de la cocina española: gastronomia e historia, Tusquets, 2003); el de José Jiménez Lozano (Guía espiritual de Castilla, Valladolid, Ámbito, 1984); el de Manuel Martínez Llopis (La dulcería española: recetarios histórico y popular. Madrid, Alianza, 1999); el de Josep Pla (Lo que hemos comido. Barcelona, Destino, 1997); y tantos otros]. 

 

Artículos que te pueden interesar

De la gula al angelismo Ser cuerpo y tener cuerpoDesde un punto de vista "alimentario" podemos sentir el cuerpo de varias maneras, al menos dos principales, vinculada...
Servicio a la persona: respeto, orden, diligencia Pierre Eduard Frère (1819-1886): “Sirviendo a sus hermanos”. Poniendo atención razonable a su labor culinaria, la niña mayor se dispone a repar...
Aquel viejo vino español  El caballero ha tomado en su mano una transparente copa de de vino. La observa fijamente mientras la balancea con un suave giro. Se la l...
Aquel divino arrope  Yo nací en un hermoso pueblo agrícola andaluz: cuyos palacios, iglesias y portadas blasonadas troquelaron de tal manera mi infantil mira...
¿Croqueta o albóndiga? Por un hispanismo gastronóm... A mi buen amigo Fernando García MinaMauricio Flores Kaperotxipi (1901-1997): “Merienda en la fiesta del pueblo”. Su pintura recrea esencialment...
Para gustos, colores Galletas Pantone de Kim NeillLa rica percepción del mundoEstamos acostumbrados a ver los colores, a oler los olores, a oír los sonidos, a gus...
Albóndigas de choco al verjus Albóndigas de choco al agraz-verjus: Un exquisito plato, que, regido por el buen gusto, se balancea entre la tradición y la modernidad.A mi buena...