Pieter Cornelisz van Slingelandt (1640-1691): En la cocina. Toda la riqueza de mar y tierra resultaba muchas veces insuficiente para satisfacer el apetito… estético. Había que añadir «oro».

El oro es un metal noble de color amarillo brillante, muy blando, el más dúctil y maleable de todos los metales, muy resistente a la corrosión y a la oxidación y buen conductor; se encuentra en estado libre o combinado; y se usa, aleado con otros metales, en acuñación de monedas, en joyería, orfebrería, para dorar, etc.

En los libros renacentistas de cocina sigue destacándose el aprecio medieval por el oro como medicina para dolientes. Ruperto de Nola aconseja que los enfermos muy graves beban, para sanar, un sustancioso caldo hecho con cincuenta piezas de oro pasadas por el fuego (receta n° 87). De hecho, algunos de los recetarios medievales que se conservan indican que las carnes, especialmente las de anima­les salvajes, se «doren», o sea, se recubran con hojas de oro una vez asadas. El oro no tenía una función meramente estética, sino terapéutica. El Liber de coquina (Ms. 9328 de la Biblio­teca Nacional de París) aconseja poner oro en los cocinados «para combatir algunas enfermedades» (Luigi Sada y Vincenzo Valente, Liber de coquina, Bari, Puglia Grafica, 1995, 133) . De igual modo, el Libro della cucina de Anonimo Toscano indica que se pongan en las salsas no sólo especias selectas, sino oro e incluso piedras preciosas.

Esta enigmática receta pudo tener su origen en la medicina de los alquimistas medievales, quienes describieron un elixir que, mezclado con abundante oro fino, podía rejuvenecer a las mujeres, fortalecer a los ancianos, hacer brotar nuevos dientes y crecer el cabello. Un discípulo del Maestro Martino, Bartolomeo Scappi, llamado Platina, en su libro De honesta voluptate et valetudine, (Libro III,I y Libro IV) propone el oro en el arte cibaria «para magnificencia y delicia». Incluso un dietista como Savonarola (mediados del siglo XV) prescribe una píldora admirable hecha con oro puro, bálsamo selecto, mirra, aloe, láudano, aceite y mandrágora. La receta de Nola fue copiada por Diego Granado, setenta años después, en su Libro del Arte de cocina. Fiados de la bondad medicinal del oro, se escribieron tratados en ese tiempo sobre auroterapia o crisoterapia.

Debemos recordar que el proceso para obtener oro es de cianuración. La propiedad química del oro es muy estable, pero tiene otro carácter cuando está en la solución de cianuro: el oro se convertiría en líquido cianurante soluble. Un elemento venenoso. Se usa en joyería, odontología, orfebrería, etc.: pero nunca para el tránsito intestinal.

Efectos de la sobre-exposición: Inhalación: Puede provocar irritación si la exposición es prolongada o excesiva. Piel: Puede provocar irritación y reacción alérgica. Ojos: puede provocar irritación.
Que nadie se llame a engaño: ni por su bonito color, ni por sus reflejos dorados, ni por su aparente poder, debe ser introducido en el organismo para limpiar o curar.