Baetano Ballei

Gaetano Bellei (1857-1922) «Las cerezas de la abuela». Pinta con elegancia, siendo sus pinceladas frescas y luminosas, de risueña factura, no exenta de picardía. La abuela protege con sus manos, y con intencionada negligencia, las apetitosas cerezas que asoman en su cesto y que son demandadas por las mimosas nietas.

En el año 1967 marché a München (Alemania) para relizar estudios sobre filósofos alemanes. Ahora no viene al caso ni nombres ni tendencias. Lo cierto es que recalé en un delicioso pueblo cercano a la capital, llamado Gauting. Las conexiones por vía férrea eran muy buenas; y en quince minutos estaba en la estación central de la gran capital bávara, para dirigirme a la Universidad.

Pero quiero hablar de la amable familia que me acogió: un matrimonio maduro que tenía dos hijos en edad preuniversitaria. La madre, Anna, tenía pasión por la cocina y, muy especialmente, por los dulces caseros; era muy buena confitera. En el jardín de su casa crecían robustos manzanos, de variada estirpe; y precisamente de manzanas hacía Anna unos deliciosos pasteles, cuyo sabor y profundo aroma reviven complacidamente todavía en mi memoria.

Dos veces al mes el matrimonio se dirigía en coche hacia un mercado de abastos que ofrecía productos mediterráneos, especialmente naranjas, melocotones y cerezas; pero había más. Anna hacía acopio de aquellas delicias, las llevaba a su casa para… transformarlas en compota o mermeladas. Era una experta. Yo me brindaba a sacar del coche las cajas en que venían muy bien dispuestas aquellas frutas. Y no puedo negar que alguna vez llevaba alguna cereza a mi boca, con la venia implícita y burlona de Anna.

Al principio yo estaba convencido de que aquel acopio tan vivo y grato iría directamente al momento del postre, como se estila en España. Pero no era así. Me tenía que conformar con la sisa inocente y consentida que esporádicamente realizaba a hurtadillas. Y también con las deliciosas mermeladas. Seguir leyendo