Galeno enseñaba que había tres planos de facultades biológicas en el hombre: el animalis, localizado en el cerebro, con sus funciones cognitivas; el vitalis, localizado en el corazón, con sus funciones vivificantes a través de la sangre; y el naturalis, localizado en el hígado.
Por su parte, las facultades o virtutes naturales son también tres: la de engendrar (generativa), la de aumentar el cuerpo (augmentativa) y la de nutrirlo o alimentarlo (nutritiva). La facultad de engendrar tiene necesidad de la de aumentar, y ésta de la de nutrir o sustentar. A su vez, la nutritiva tiene necesidad de otras cuatro: la de atraer lo necesario (vis atractiva), la de retenerlo (vis retentiva), la de transformarlo o cocerlo (vis conversiva) y la de expelerlo (vis expulsiva).
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1. Todas son necesarias, pero la última cumple un papel muy especial. «Para que el hombre tenga el aumento que su virtud le puede dar, ha de carecer de impedimentos, que es la detención de los excrementos; que no habiendo este detenimiento, las facultades naturales hacen bien su oficio (como dice Galeno), dando la que alimenta sustento conveniente a la virtud de crecer, de manera que el cuerpo sin impedimento alguno llegue en su aumento al término que la causa eficiente y material le pueden dar»[1]. Los impedimentos del crecimiento son, por tanto, las superfluidades[2].
Las superfluidades en cuestión son las que se encuentran en algún órgano determinado, como los desechos de la primera digestión (heces y orina), de la segunda (ej., sangre, expulsable mediante sangrías) y de la tercera (ej., sudor y esperma, evacuables respectivamente mediante el ejercicio y el coito).
La primera digestión de los alimentos acontece en el tubo digestivo, cuyas superfluidades se expelen como excrementos del vientre. La segunda digestión se realiza en el hígado, surgiendo la sangre que nutre el riñón, el bazo, el pulmón, el corazón y el hígado; las superfluidades de esta digestión se evacúan por la orina; el exceso de sangre, mediante sangrías. La tercera digestión se da en las partes periféricas del cuerpo, cuyas superfluidades son el esperma, la grasa cutánea, las lágrimas, el sudor, el pelo y las uñas.
Cuando se engendra sangre en exceso (plétora), ésta tiene que ser eliminada como si fuera una superfluidad semejante a los desechos intestinales o al sudor. Los temperamentos sanguíneos tienden a producir mucha sangre; especialmente cuando el sujeto es mancebo, con el color del rostro rojo encendido y las venas hinchadas[3]. Su eliminación, que era terapéutica –para templar el calor y quitar la ebullición–, se llamaba «flebotomía» (apertura de las venas), la cual se podía hacer bien mediante una lanceta[4], bien mediante la aplicación de sanguijuelas que chuparan la sangre. La estación adecuada para hacer la sangría es la primavera. La cantidad extraida había de ser moderada, para que no faltaran fuerzas en cualquier suceso. Las sangrías siguieron aplicándose hasta el siglo XIX. Los hipocráticos utilizaban la sangría también para mitigar los procesos de inflamación, por ejemplo, para la curación de almorranas. En general los medievales procuraban contentos la sangría, en la idea de que era un medio eficaz de conseguir estar en forma.
También los cabellos de la cabeza habían deser cortados, pues eran tenidos como «superfluidades del tercer cocimiento o exhalaciones o excrementos que así los llama Galeno[5] como también es excremento y superfluidad el sudor de los pies y la caspa y las demás inmundicias que en el pellejo de todo el cuerpo se hallan»[6].
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2. También en el acto venéreo se evacúa la quintaesencia de la sangre que el organismo produce en la tercera digestión, operada en las partes terminales de los miembros. «Causa en el cuerpo humano tanta flaqueza la evacuación que se hace en el acto, porque es de sangre muy cocida, fina y pura. Y así Galeno en el libro De semine afirma que el semen no es otra cosa que la sangre exquisita y perfectamente cocida en las venas […]. En la sangre pura, de que se hace el semen, está gran parte de la vida, y derramada lleva consigo muchos espíritus vitales»[7]. La explicación de esta función fisiológica se encuentra, por tanto, en la teoría de las «digestiones» y de las fuerzas orgánicas o «virtutes» alentadas por los «spiritus» interiores.
En el acto venéreo se expulsa el esperma, considerado como un desecho de la tercera digestión, producido por los testículos o los ovarios. De cualquier modo, el dietista enfoca ese acto sólo por el lado orgánico individual, dejando aparte la oportuna consideración sobre el placer, la relación sentimental, la fecundidad y el aspecto moral. No obstante, algunos Regimina sanitatis incluían normas dietéticas precisas para mantenerse continente[8].
[1] J. Sorapán, II, 52.
[2] Arnaldo de Vilanova, nº 37.
[3] J. Sorapán I, 72.
[4] En latín: cum phlebotomo seu lanceola. Cfr. M. McVaugh, “A Latin Technical Phlebotomy and Its Middle English Translation», 1-69; P. Gil-Sotres, Evacuación de sangre y patología en la medicina bajo medieval: la obra de flebotomía de Arnau de Vilanova.
[5] De Temperamentis, II.
[6] J. Sorapán, I, 52.
[7] J. Sorapán, I, 410-412.
[8] Lobera 2, fol. XVII.
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