Galeno enseñaba que había tres planos de facultades biológicas en el hombre: el animalis, localizado en el cerebro, con sus funciones cognitivas; el vitalis, localizado en el corazón, con sus funciones vivificantes a través de la sangre; y el naturalis, localizado en el hígado.
Por su parte, las facultades o virtutes naturales son también tres: la de engendrar (generativa), la de aumentar el cuerpo (augmentativa) y la de nutrirlo o alimentarlo (nutritiva). La facultad de engendrar tiene necesidad de la de aumentar, y ésta de la de nutrir o sustentar. A su vez, la nutritiva tiene necesidad de otras cuatro: la de atraer lo necesario (vis atractiva), la de retenerlo (vis retentiva), la de transformarlo o cocerlo (vis conversiva) y la de expelerlo (vis expulsiva).
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1. Todas son necesarias, pero la última cumple un papel muy especial. «Para que el hombre tenga el aumento que su virtud le puede dar, ha de carecer de impedimentos, que es la detención de los excrementos; que no habiendo este detenimiento, las facultades naturales hacen bien su oficio (como dice Galeno), dando la que alimenta sustento conveniente a la virtud de crecer, de manera que el cuerpo sin impedimento alguno llegue en su aumento al término que la causa eficiente y material le pueden dar»[1]. Los impedimentos del crecimiento son, por tanto, las superfluidades[2]. Seguir leyendo










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