Nola, un cocinero palaciego
El Libre del Coch o Libro de guisados de Ruperto de Nola es quizás el documento más interesante que en la Península Ibérica existe sobre la antigua cocina catalana o aragonesa en la época renacentista, la que recoge una tradición gastronómica llena todavía de arte y sabor.
No se sabe con certeza quién fue el cocinero llamado Ruperto de Nola. En la edición catalana de 1520, la primera que se conoce, se le nombra como «mestre Robert», al servicio del rey de Nápoles llamado Ferrando, cuyo número ordinal se omite. Reyes de Nápoles con el nombre castellano de Fernando hubo tres: Ferrante o Fernando I, hijo natural de Alfonso I de Nápoles; Ferrandino o Fernando II, nieto de Alfonso I; y Fernando el Católico, el que reinara en España junto a Isabel. Pero reyes que con el nombre de Fernando residieran más de un año, y con cierto sosiego, en Nápoles sólo hubo uno: el primero nombrado.
Conviene aclarar que Alfonso I de Nápoles era antes V de Aragón y entró en Nápoles el 26 de Febrero de 1443 para tomar posesión del reino; allí murió en 1458. Le sucedió su hijo Ferrante (Fernando I, 1423-1494), apellidado «il Vechio» por haber reinado hasta edad avanzada. Había llegado a Nápoles siendo todavía joven, y nunca perdió el castellanismo en su lenguaje, empleando un idioma mezclado de castellano y napolitano (Francisco Elías de Tejada, Nápoles hispánico, Madrid, 1958, 21-22). Gobernó con energía y destreza. Desde 1494 le sucedió en el trono su hijo Alfonso II (1448-1495), quien reinó con mano inhábil y creó muchos descontentos, por lo que abdicó en su hijo Ferrandino, muriendo poco tiempo después. Le sucedió, pues, Ferrandino (Fernando II, 1469-1496), apoyado política y militarmente desde España por Fernando el Católico, pero murió al año siguiente. En fin, le sucedió su tío Fadrique (Federico III), quien tuvo que soportar el dominio francés desde 1497 hasta 1503, año en que fue hecho prisionero por aliados españoles y franceses. Hubo un interregno de disputas dinásticas, hasta que Gonzalo Fernández de Córdoba conquistó Nápoles en nombre de Fernando el Católico el 14 de mayo de 1503. Fernando estuvo en Nápoles sólo siete meses (desde el 1 de noviembre de 1506 al 4 de junio de 1507). Desde este momento, el Rey Católico reinaría en Nápoles, pero desde España, dejando allí un Virreinato.
No es muy plausible, por tanto, la hipótesis de que el «mestre Robert» fuera en Nápoles un cocinero tratado por el Rey Católico, pues éste sólo estuvo allí medio año. ¿De cuál de los otros Fernandos sería cocinero? Ferrandino (o Fernando II) tampoco reinó lo suficiente –un año– como para aficionarse al arte cibario y, mucho menos, para que un cocinero sin oficio de pluma escribiera un largo libro de cocina para él en tan breve tiempo. Lo más seguro es que oficiara en la casa real de Ferrrante (o Fernando I), donde dispuso de mucho tiempo para acopiar recetas y probar guisos.
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Referencias biográficas confusas
Del bibliógrafo Nicolás Antonio (1617-1684)[1] es la más antigua referencia conocida a este libro:
Eiusdem Alphonsi Regis coquus fuit Rupertus, sive Robertus, catalanus, qui vernaculo provinciae suae sermone composuit librum culinariae artis, quem vidimus castellane ab ipso auctore conversum hoc titulo: Libro de guisados, manjares y potajes; atque editum Toleti MDXXIX in 4.º. Vereor tamen ne alterius Alphonsi Neapolis tantum Regis, qui prioris illius fuit nepos, culinae hic prafuerit.
[De este rey Alfonso fue cocinero Ruperto o Roberto, catalán, quien compuso en la lengua vernácula de su región un libro de arte culinaria que hemos visto traducido al castellano por el mismo autor, con el título: Libro de guisados, manjares y potajes; editado en Toledo el año 1529 en cuarto. Pero sospecho que ofició en la cocina de otro Alfonso rey de Nápoles, que sería nieto del anterior nombrado].
Estas referencias son bastante confusas. ¿Se puede saber a qué rey Alfonso de Nápoles sirvió como cocinero Nola? ¿Vio Antonio el ejemplar del que habla?
En primer lugar, este erudito tiene razón al decir que un rey Alfonso -el fallecido en 1458- era abuelo del otro Alfonso, muerto en 1495. Por la primera indicación se concluye que Nola podría haber estado algún tiempo al servicio del primer Alfonso antes de entrar en la cocina de su hijo Ferrando I (el cual murió a los 71 años de edad), con el que pasaría la mayor parte de su vida[2]. Es plausible esta hipótesis. Por la segunda indicación, cabría suponer que Nola, si tuvo muy larga vida, fuera cocinero de los dos Alfonsos. Pero esto es menos probable. Tampoco hay razones para dudar de que Antonio viera el ejemplar de Nola y supiera que el rey de Nápoles, al que se dedicaba el libro, era Ferrando y no Alfonso.
Si, como antes se dijo, el libro impreso no indica el número ordinal del rey Fernando, es que el manuscrito tuvo que ser concluido mucho antes de que subieran al trono napolitano Alfonso II, quien reinó dos años, y Ferrandino, quien sólo reinó un año. El libro de Ruperto debió estar compuesto a mediados del siglo XV (ca. 1460).
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El origen histórico de Ruperto
Sobre el origen de Ruperto se han suscitado varias cuestiones. ¿Nació en España? ¿Nació en Nola, población de Nápoles, hasta donde se extendía el dominio de la Corona de Aragón? Y si fue esto último, ¿eran catalanes sus padres, unos de los que siguieron a Alfonso V? Y entonces, ¿escribiría en su lengua materna el libro de cocina? Pero, si sus padres fueron italianos, ¿conocería Ruperto con soltura el catalán como para escribir en esta lengua?
Antonio Palau, aun reconociendo que la primera edición en lengua catalana se pudo publicar en Barcelona “por ser la ciudad que estaba más en contacto con los dominios aragoneses de Nápoles y Sicilia”, confiesa que falta saber si su autor, mestre Robert, “nació en Cataluña, o en la población del reino de Nápoles, de dicho nombre. Pudiera ser que naciera en Italia de padres catalanes, y entonces no sería imposible que él mismo escribiese el libro en su lengua madre. Pero si sus padres eran extranjeros, y redactó el manuscrito en italiano, cabe suponer que algún literato de la Corte de Aragón en Nápoles, lo pondría en la lengua que hablaban, no sólo los reyes aragoneses, sino cuantos se relacionaban con su Corte. Todo hacer presumir que la edición príncipie es incunable y en lengua catalana, pero tratándose de un libro del que se hacía un uso constante, no es extraño se perdiese la edición, lo mismo que otras, desconocidas para nosotros y que seguramente han existido”. Manual del Librero Hispano-Americano, reimp. en Barcelona, 1958. Comentario al nº 192.527.
Si Ruperto fue hijo de catalanes o aragoneses y estuvo primeramente al servicio de Alfonso V, nada tiene de extraño que intentase complacer tanto a su señor como a su hijo Ferrante, aplicando las recetas que se usaban en el reino de Aragón y brindando los platos que ellos apetecían.
En fin, dado que el prólogo de 1529 sólo dice que fue enmendado en Logroño «por el mismo que lo hizo imprimir en Toledo», éste sería el único dato que retuvo Antonio a la hora de escribir su noticia.
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El destino editorial del libro de cocina escrito por Ruperto
Del recetario escrito por el «mestre Robert» se debieron hacer copias que servirían después para realizar la edición impresa en catalán y la traducción al castellano.
Andando el tiempo, la intención editorial se impuso ya al margen de la existencia de dicho cocinero: pues, por ejemplo, la edición castellana de 1525, impresa en Toledo a expensas de Pérez Dávila, avisa expresamente en su portada que contiene «otras muchas cosas en él añadidas muy provechosas: muy bien corregido y enmendado».
¿Quién hizo la traducción al castellano? ¿Diego Pérez Dávila, el alcaide de Logroño que lo mandó imprimir? De lo que no cabe duda es que ese traductor se movía muy bien en el ámbito cultural aragonés y castellano, como lo confirman muchas de sus expresiones.
El texto castellano contiene algunos catalanismos y bastantes palabras arcaicas, explicados tanto por Dionisio Pérez «Post-Thebussem», en un glosario que inserta al final de la edición de 1929, como por Carmen Iranzo, en su vocabulario final a la edición de 1969. Muy útil es, para este efecto, el diccionario de Covarrubias.
Dionisio Pérez “Post-Thebussen” sostiene con evidente exageración, y sin aportar prueba alguna, que en virtud de que en la edición catalana anterior a 1525 no existe el apellido Nola, “fue Pérez Dávila quien recogiéndolo de noticias oídas o inventándolo, creó esta ficción de Ruperto de Nola y al amparo de ella divulgó por España cuatro o cinco distintos recetarios de cocina»[3].
Esta y otras exageraciones de Post-Thebussem dieron pie a Carmen Iranzo (en la “Introducción” al Libro de cozina de Nola, Madrid, Taurus, 1968, 7-8) para descalificar las hipótesis sobre el enigmático origen del libro y del autor expuestas por el ilustre gastrónomo. A pesar de todo, sigue en pie la incógnita de la composición de la obra y de su autor.
Las referencias históricas aludidas llevan a pensar que Ruperto de Nola no fue un personaje históricamente incierto.
Por lo que hace a las ediciones del libro de Nola, cabe recordar que su recetario se editó en catalán con el título Libre del Coch, y tuvo numerosas impresiones en el siglo XVI, tanto catalanas como castellanas. Si el libro está dedicado en Catalán al rey Ferrando y en castellano al rey Hernando, sin indicar el ordinal, es que el destinatario, como he dicho, debió ser Fernando I. Y es lógico suponer que se hubiera compuesto antes de su muerte. ¿Se publicó también entonces? La primera edición catalana conocida es de 1520, impresa en Barcelona; la primera castellana es de 1525, impresa en Toledo.
Pérez Bayer, en una de las anotaciones que hizo a la obra de Nicolás Antonio[4], comenta:
Robertus hic est Nola cuius opus Arte de Cocina Lemosine scriptum Toletique non anno MDXXIX ut noster hoc loco, sed MDLXXVII, editum exstare alibi diximus; extitisseque eius exemplum in Bibliotheca D. Joachimi Ibannezii Garsiae Praecentoris olim Turolensis.
[Este Roberto es Nola, cuya obra Arte de Cocina está escrita en catalán y fue publicada en Toledo no en el año 1529, como dice aquí nuestro autor, sino en 1577, según dijimos en otra parte; de esta edición existe un ejemplar en la Biblioteca de D. Joaquín Ibáñez García, antiguo director de canto en Teruel.]
Este comentario de Bayer no aclara las cosas, pues la fecha que indica, 1577 –que no ha sido correctamente leída por investigadores posteriores–, corresponde propiamente a una edición menos antigua.
La fecha indicada por Pérez Bayer (MDLXXVII) fue mal leída por Félix Torres Amat, quien en sus Memorias para ayudar a formar un diccionario crítico de los escritores catalanes (Barcelona, Impr. J. Verdaguer, 1836, 441) equivocó la citada cifra romana, viniendo a decir que el Arte de cocina “se imprimió en Toledo, en 1477. Bib. vet. lib. 10 c, nº 479, y Bayer en la nota”. En este mismo error cayó Dionisio Pérez “Post-Thebussen” en su edición de la obra de Nola hecha en 1929. Y no lo han corregido ni siquiera sus críticos, como Néstor Luján y Carmen Iranzo, quienes se apoyan en esa fecha equivocada para indicar la existencia de una edición anterior.
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Las ediciones más antiguas del Libre del Coch
Cabe pensar que el Libre del Coch del mestre Robert tuvo, al menos, las siguientes ediciones catalanas en el siglo XVI:
1520 Libre del Coch. Libre de doctrina pera ben servir de tallar y del Art de Coch; ço es de qualsevol manera Potatges y Salses. Compost per lo diligent mestre Robert, coch del Serenissimo Senyor don Ferrando, Rey de Napols. Posible adaptación de un texto anterior. Impresa en Barcelona. Su portada incluye un grabado con un rey sentado a la mesa, servido por un criado y un cocinero. Ha sido editado por Veronika Leimgruber en 1977[5].
1535 Citada por Aguiló[6].
1539 Citada por Del Val.
1560 Citada por Aguiló.
1568 Citada por Aguiló.
1578 Citada por Palau.
Existen también comprobadas al menos diez ediciones castellanas del siglo XVI:
1525 Libro de cozina compuesto por Maestre Ruberto de Nola, cozinero que fue del Serenísimo Señor Rey don Hernando de Nápoles. La portada indica que la obra fue traducida del catalán e impresa en Toledo en 1525 a expensas de Diego Pérez Dávila, alcaide de Logroño. Desde el punto de vista bibliográfico, hay un dato interesante: en el colofón del prólogo se dice que el libro contiene «otras muchas cosas en él añadidas muy provechosas. Muy bien corregido y enmendado», lo cual hace sospechar que recoge y enmienda un texto catalán, no necesariamente el editado en 1520. En tamaño 4º. Reeditada por Carmen Iranzo en 1968[7].
1529 Libro de guisados, manjares y potajes, intitulado Libro de cozina. Se imprime en Logroño, también a expensas de Diego Pérez Dávila, alcaide de Logroño, según la edición de 1525, en los talleres tipográficos de Miguel de Eguía. Pero se le añaden unos «avisos morales» y nuevas recetas. En tamaño 4º. Post-Thebussen, prefiriéndola a todas las demás, la reeditó en 1929[8].
1538 No incluye lugar de impresión. Reproduce la edición toledana de 1525, en tamaño 4º.
1543 No incluye lugar de impresión. Reproduce la edición toledana de 1525 sin las adiciones contenidas en la de 1529, en tamaño 4º.
1544 Impresa en Toledo. Copia la edición toledana de 1525. Es citada por Aguiló y Fuster.
1549 Impresa en Medina del Campo. Copia la edición de Logroño de 1529. Citada por Aguiló y Fuster.
1556 Impresa en Valladolid. Citada por Palau.
1562 Impresa en Zaragoza. Citada por Palau.
1568 Zaragoza. Citada por Aguiló y Fuster.
1577 Impresa en Toledo, en tamaño 8º. Como la licencia está firmada en 1566, cabe sospechar que tal licencia se otorgó para una edición que pudo salir en 1567, de la que sería reproducción la de 1577.
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Originalidad del Libro de Nola: entre el Medioevo y la Modernidad
No puede dudarse de que hay «un Nola», un tinte culinario típicamente proto-renacentista, catalán y mediterráneo a lo largo del libro. Nola es un ideal concreto, la totalización y recapitulación de la mediterránea cocina bajomedieval y humanista en expresión catalana o aragonesa. Por varios factores.
Primero, no sólo por el uso de los alimentos más frecuentes en esa zona (carnes, pescados), sino por la utilización de los condimentos que, de un lado, ya enseñaron a mezclar los romanos y que, de otro lado, habían aportado los árabes. En segundo lugar, por la presencia de productos hortofrutícolas estimados en el área oriental ibérica: las almendras, el arroz, las avellanas, las naranjas, los limones, las berenjenas, las calabazas, las coles, las zanahorias, las espinacas, las habas, los higos, las lechugas y los puerros. En tercer lugar, por el gusto que entrecruza las culturas gastronómicas de moros, judíos y cristianos.
La tradición gastronómica de Nola perduró en el siglo siguiente. El Libro de guisados fue leído y copiado por Diego Granado, quien recoge, en su Arte de Cocina (1599), el recetario de Nola de la edición de 1525, refundiéndolo en un texto nuevo, pero sin citarlo. “Sin ningún escrúpulo Granado plagió una gran parte del contenido del Libro de guisados, sin nombrar jamás a Roberto o Ruperto de Nola. Al cotejar ambos libros observamos que Granado copió casi íntegramente la primera parte, en la que se trata de los oficios de mayordomo, maestresala, camarero, etc. y se enseña a cortar las viandas en la mesa. Suprimió únicamente el oficio de caballerizo, pues no lo consideraría justificado en un libro de cocina, y también lo referente a la ceremonia de la «salva», que fue imprescindible en la Edad Media, cuando tanto se abusaba de los venenos, pero que apenas se conservaba a finales del siglo XVI. Para disimular el plagio, o por considerar más lógica la disposición, Granado alteró el orden de tales capítulos, y lo mismo hizo con algunas recetas del Libro de guisados, que fue alternando con muchas otras de diversas procedencias”[9]. Y no sólo esto. Granado integra además en su obra, también sin citar, buena parte del libro de Bartolome Scappi (cocinero del Papa Pío V): no parece que Granado aportara nada a la cocina española, salvo la espléndida traducción que hace del recetario de Scappi; su libro está pendiente de un estudio crítico, pues es difícil que un cocinero tuviera la preparación filológica suficiente como para realizar la versión castellana de esas recetas, algunas bastante largas y complicadas.
Hay en el libro de Nola dos referencias intrínsecas que delatan, de un lado, su ascendencia bajomedieval y, de otro lado, su apertura cosmopolita y moderna.
En primer lugar, Nola trae recetas, como la de «flaones» (N 136), hecha con queso, huevos y harina, que se encuentra ya al menos dos veces en el Cuaderno de contabilidad del Monasterio de Santa Ana (Arxiu Històric de la Ciutat de Barcelona. Varia 30 A) correspondiente al año 1402, que recoge las despensas alimentarias del Monasterio[10]. Dice el Cuaderno: «fiu pietansa de flahons qui costaren entre los formatges e als ous III sous V diners». En dicho Cuaderno aparece también la «ginestada», expuesta por Nola –a base de almendras, harina de arroz, especias y azúcar– en la receta N 238; en el Cuaderno se lee: «Costa farina de ros per fer genestade II lliures et miya … entre amelo, mell e seffrà per obs de la genestada I sou, II diners». También aparece en el Cuaderno el «janet», cuya versión como janete abarca en Nola tres recetas (N 20-22). Con estos datos parece plausible argumentar la hipótesis de que el libro de Nola haya recogido recetas conventuales muy antiguas y con nombres ya clásicos en el ambiente monacal: janetes, ginestada, flaones, etc.
En segundo lugar, durante el reinado de Ferrante la corona de Aragón mantuvo un constante flujo cultural y económico desde Cataluña a Nápoles, incorporando tradiciones de la casa reinante, pero matizadas con cierto cosmopolitismo, algo que se trasluce en el recetario del «mestre Robert». Desde su privilegiada posición en Palacio, pudo recoger recetas aragonesas, catalanas, valencianas, provenzales e italianas. Incluye, por ejemplo, alberginies a la morisca (berenjenas a la morisca), bona salsa francesa (buena salsa francesa), pastís a la genovesa (torta a la genovesa), xinxenellas a la veneciana (pasta cocida a la veneciana), etc. Aunque todo ello converge en el gusto mediterráneo precolombino.
[1] Bibliotheca Hispana sive Hispanorum qui usquam unquamve sive Latina sive populari sive alia quamvis lingua scripto…, 2 vols. Roma, 1672. Nuevamente editada con el título Bibliotheca Hispana Vetus, 2 vols., Roma, 1696. Reeditada y anotada por Francisco Pérez Bayer, con el título Bibliotheca Hispana Vetus, sive hispani scriptores, 2 vols., Madrid, Joaquín Ibarra, 1788, 279.
[2] Esto explicaría que en el Prólogo de la primera edición castellana conocida (1525), el susodicho Ruperto diga que si el rey le ordenó escribir el tratado de cocina, fue «a fin de que muriendo yo, quedase en vuestra casa real alguno de mis criados que sucediese en mi lugar, para que no hiciese falta mi servicio». Sería muy improbable que viviera hasta el año 1520, fecha en que sale la primera edición catalana conocida.
[3] “Introducción” a la edición del Libro de guisados (la de 1529 fechada en Logroño) de Ruperto de Nola, Madrid, 1929, XXVI.
[4] Bibliotheca Hispana Vetus, sive hispani scriptores, 2 vols., Madrid, Joaquín Ibarra, 1788, 279.
[5] La edición de Veronika Leimgruber salió en Curial, Ediciones de Barcelona, 1977 (2ª edición 1982).
[6] Mariano Aguiló y Fuster, en Catálogo de obras en lengua catalana, impresas desde 1474 a 1860, Madrid, 1923.
[7] Ruperto de Nola, Libro de cozina, Taurus, Madrid, 1968 y 1982.
[8] Ruperto de Nola, Libro de guisados, Madrid, 1929. El texto original de Nola se ha reproducido varias veces en edición facsímil. Citaré algunas: Madrid, Espasa-Calpe, 1971; Bilbao, La Papelera Española, 1971; Librerías París-Valencia, Valencia, 1985; Burriana, Edic. Histórico-Artística, 1989.
Otras ediciones: Restaurante Atalaya, Barcelona, 1972; Paneuropea de Ediciones y Publicaciones, Barcelona, 1972; Papeles de Son Armadans, Palma de Mallorca, 1969 y 1973; Editor Guillermo Blázquez, Madrid, 1982; Espasa-Calpe, Madrid, 1992; La Val de Onsera, Artes Gráficas, Huesca, 1994.
[9] Joaquín del Val, “Introducción” al Libro del Arte de Cocina de Diego Granado (1599), editado en la Sociedad de Bibliófilos Españoles, Madrid, 1971, XXIII. El libro de Granado, con 763 recetas, es tres veces más extenso que el de Nola, con 242 recetas.
[10] Véase el estudio realizado por Teresa M. Vinyoles i Vidal, «El Rebost, la Taula i la Cuina dels Frares Barcelonins al 1400», en Alimentació i Societat a la Catalunya Medieval, C.S.I.C., Barcelona, 1988, 137-166.
25 septiembre, 2016 at 17:19
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25 septiembre, 2016 at 17:20
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1 enero, 2017 at 18:56
Una entrada muy interesante y completa de información. Nunca pensé que hubiera recetarios tan antiguos en España.
22 octubre, 2017 at 19:00
Estimado Profesor Cruz,
Mi nombre es Salva Castaño, soy un cocinero amateur y estudioso de la receta del Arroz con Costra, que como sabrá es típico de mi ciudad, Elche, entre otros sitios donde también se cocina.
Nuestra forma de hacerlo es muy similar a como se debía hacer mucho tiempo atrás, pues en mi familia siempre se ha hecho en cazuela de barro, con fuego de leña, y con un artilugio que llamamos Costrera, para dorar el huevo que se echa por encima del arroz. Resumiendo un manjar ancestral que suele encantar a quien lo prueba.
Sus palabras y conclusiones, me parecen imprescindibles en este tratado del arroz con Costra, y de ahí que me ponga en contacto con Ud., para pedirle permiso para utilizar sus conclusiones, siempre por supuesto citándole.. Si Ud. lo prefiere, podría también ofrecerle la corrección del capítulo donde le nombro y utilizo su blog,
sin dudarlo, no puedo más que pedirle que si en algún momento Ud. viniera por Elche, me avisara para poder agasajarle con un Arroz con Costra, a la antigua usanza, acercándonos mucho a como lo plasmó el Maestro Robert en su libro.
Mi más sincero agradecimiento, y un abrazo muy grande.
Salva Castaño