Categoría: 1. Gastronomía (página 13 de 15)

Gastronomía de «La lozana andaluza»

Una obra literaria

Francisco Delicado (1475-1535) fue un clérigo y escritor andaluz de la época del Renacimiento. Publicó la mayor parte de sus obras en Italia; concretamente publicó en Venecia su obra más famosa, Retrato de la lozana andaluza (1528), vida de una mujer inteligente, desenfadada y liviana.

En una página de esa obra, Delicado pone en boca de la Lozana unos bellos párrafos que retratan lo más entrañable de la cocina hispanojudía e hispanoárabe remansada en las costumbres del pueblo jiennense y cordobés de aquel tiempo. Muchos de los nombres culinarios que allí aparecen siguen vigentes en esa zona. De ahí la importancia del siguiente texto. Seguir leyendo

Primero fue el asado

Ignacio Manzoni (1797-1888), "El asado". Imagen costumbrista de la Pampa argentina.

Al calor del fuego

La cocción de alimentos es un fenó­meno cultural que ha tenido una in­fluencia decisiva en la fisiología y en la morfología del hombre. Cocer es hacer comestible un alimento crudo sometiéndolo a ebullición o a la acción del vapor, o sea, sometiéndolo  a la acción del fuego en un líquido para que comunique a éste ciertas cualidades. Pero antes de ser hervido, el alimento fue asado.

Los hallazgos arqueológicos en los yacimientos más impor­tantes del hombre primitivo delatan que la técnica del asado fue la más usada en pueblos de recolec­tores-cazadores. Los antropólogos esti­man probable que el descubrimiento del asado fue accidental o azaroso: por ejemplo, un rayo cae sobre un bosque y quema al­gunos de sus animales; estos, al ser consumidos por curiosidad, muestran unas cualidades gastronómicas nuevas e insospechadas. Seguir leyendo

Cocina y gastronomía como cultura

Jan Josef Horemans (s. XVIII), "La Cocinera". Escena de la vida cotidiana en la cocina de un antiguo hogar europeo.

El hombre, un «comedor» universal

Entre todos los vivientes, sólo el hom­bre, al intentar alimen­tarse, produce una cocina gastronómica. También los animales se nutren -dice Dancer-, pero no tienen una cocina. Acaso la práctica de la fermentación de algunos productos, como el hueso que el perro entierra, sea ya un embrión de «cocina», o sea, de preparación y perfeccionamiento del ali­mento. Pero la cocina, como perfecciona­mien­to de la alimentación, es un fenó­meno de tipo estrictamente cultural: y aunque exista algún rasgo de cocina en algunos animales, es el hombre el que la somete a in­venciones y la de­sarrolla. A su vez, la gastronomía es un paso más hacia un progresivo perfeccionamiento de la coci­na misma. Seguir leyendo

Estética de la delgadez y anuncio alimentario

 

 

Fernando Botero, "Niña imaginando". Acodada en la barandilla de una galería, la niña gorda sueña quizás con un cuerpo delgado y esbelto.

 

 

Un cambio de sentido

La imagen del propio cuerpo está in­vadida hoy por los di­ferentes factores económicos, sociales y publici­tarios que asumen la del­gadez como «modelo» o ar­quetipo es­tético. No son ajenas a ello algunas ideas filo­só­ficas. La imagen de sí que hoy deter­mina la rela­ción del joven con su cuerpo está configu­rada por unas pautas colectivas que han cambiado el sentido y los valores de las sociedades occiden­ta­les.

La imagen que muchos jóvenes -ellos y ellas- tienen de sí mismos es en realidad un tro­pel de nuevas aspiraciones individuales que invaden a todos los grupos y clases. También la relación del hombre a los otros y al mundo están impulsadas por aquellas aspiraciones que exigen compro­meterse con el cuerpo para la sexualidad, el de­porte y la dieta.  Seguir leyendo

Estética y ética del comer

Jacob Jordaens (1593-1678). "Comedor de potaje". Tras llevarse ávidamente a la boca una cucharada de ardiente potaje, quemándose la lengua, sopla con impaciencia sobre el cubierto para rebajar la temperatura del caldo. Su voraz impaciencia corre pareja con la mirada ávida del perro que, con la lengua fuera, refleja el exceso de gula de su dueño.

Hambre, apetito y gula

Las pala­bras «ham­bre», «apetito» y «gula» equi­valen, respectiva­mente, a nece­sidad , a necesidad más gusto, y a gusto sin necesidad. Las dos primeras (de tipo vegetativo y sensitivo respectivamente) se ins­criben en un orden humano co­rrecto. La última co­mienza y termina en un de­sorden psicológico y moral, en vicio.

Hay dos tipos de impulsos naturales refe­rentes al alimento: uno, que se encuentra en las fa­cultades que cumplen funciones metabólicas o digestivas (vegetativas), las cuales no están sujetas al go­bierno de la razón; a este orden de impulsos per­tenecen el hambre y la sed. Hay tam­bién un impulso sensitivo, llamado ape­tito (psicológico) que puede pro­vocar cierto de­sorden; y a él se debe apli­car una di­rección racional que lo mo­dere.

La moderación racional de comidas en canti­dad y ca­lidad pertenece a la dietética, que se refiere a la dis­posición o com­plexión corporal; pero la moderación de los impulsos y senti­mien­tos internos que, teniendo por objeto la comida, son orde­nables al bien general del hombre como ser racional pertene­ce a una direc­ción psicológica, estética y moral.

Seguir leyendo

Música y gastronomía

Jan Bruegel (1568-1625): «Gusto, Oído, Tacto». Preciosismo, riqueza de colorido y alta calidad de los detalles: en la mesa central, a la izquierda, dos niños escuchan atentamente la música de un archilaúd (el oído), mientras que la joven acaricia a un perrillo (el tacto); a la derecha, otra muchacha degusta ricos manjares (el gusto). A su lado, en el primer plano, un excelente bodegón de caza; y en un segundo plano, unos criados se disponen a servir la mesa.

Se da el caso de que algunos personajes han mirado la música como un complemento del mismo placer gastronómico. A este propósito me ha surgido la pregunta de por qué un gastrónomo puede estar interesado en la música.

 La música es movimiento y ritmo

Varias veces, a lo largo de nuestra historia cultural, se han levantado voces para indicar la relación que la gastronomía puede tener con la música. De hecho, el oído –junto al gusto lingual, al olfato, a la somestesia y la vista– es uno de los elementos complementarios del “gusto gastronómico” global. En realidad, sin la penetración del mundo en nosotros a través de los sentidos, no habría mundo ni belleza. Sin olfato no se distinguiría belleza en el olor del jazmín. Sin los ojos, jamás podría captarse belleza en el cuadro de las Meninas pintado por Velázquez. Dicho de modo general: sin sentidos no hay be­lleza para el hombre. Por eso decían los antiguos que lo bello es lo que, al im­presionar nuestros sentidos, causa placer.   Seguir leyendo

Cenas medievales con hipocrás

Caballeros en la mesa. Iluminación de un manuscrito medieval. Sobre el mantel no hay cubiertos, salvo el gañivete que alza un comensal. Sólo hay dos copas para varios comensales.

Una mesa medieval con su ambiente

Entre los años 1993 y 2007 tuve ocasión, con mi buen amigo Manolo Sarobe, de alentar y dirigir algunas comidas medievales, a ruego de restauradores de la zona de Sangüesa. La única condición que pusimos fue que los menús tenían que ser “auténticos”, sin incurrir en la errónea fantasía  de que pudieran asimilarse a cualquier tripada de glotón (mucha morcilla, mucha carne asada… mucho colesterol). El buen quehacer de los cocineros, la equilibrada experiencia de Sarobe y mis propios estudios sobre recetarios medievales y renacentistas hicieron posible la organización y buena marcha de aquellos eventos.  Tales cenas fueron degustadas durante 15 años seguidos; y quedaron suprimidas por el Consistorio, a pesar de las protestas vecinales.

Al anochecer de los fines de semana veraniegos quedaba tenuamente iluminado con antorchas el claustro medieval del antiguo convento de El Carmen, de cuyos aposentos interiores salían  golpes de vahos deleitables, olores recónditos  y extraños, cantos gregorianos sorprendentes, como si toda una época amortecida viniera a renacer en un concreto espacio y tiempo navarro, ante un público sorprendido y atento. Los sirvientes, camuflados de lacayos, iban vestidos sencillamente al modo medieval: ellos con sus  ajustados chalecos y sus calzas; ellas con largas faldas festoneadas y un pintoresco pañuelo ceñido a la cabeza.  Traían el servicio en parihuelas, como lo habíamos visto en cuadros y dibujos antiguos.  Seguir leyendo

Gastronomía y culinaria del agraz-verjus

El agraz se obtenía, desde antiguo, del jugo fermentado de uvas semimaduras.

Un ensayo culinario

En las recetas de uso actual, encontradas con aplicación de verjus, se dan dos tipos: las que se refieren a platos elaborados y las que son salsas en las que uno de los ingredientes es el verjus (el ejemplo más destacado es la mostaza).

En las elaboraciones de platos predominan las carnes (asados sobre todo) y, de ellas, el cordero. Después encontramos verjus en elaboraciones de foie gras, aves y pescados. Seguir leyendo

Con chorizo de Pamplona

 

Chorizo de Pamplona

Chorizo de Pamplona

Un bocadillo normal

Para  los que hemos recorrido España en tren, el bocadillo ha sido el primer eslabón de la gastronomía cotidiana; y a veces el único. Lo pedíamos en el bar de la estación, o lo requeríamos a vendedores ambulantes que lo ofertaban en nutridas cestas desde el andén. Le añadíamos reverentemente un traguito de vino. Su nombre de tres al cuarto (¡bocadillo!) no tiene el distinguido realce de su vecino inglés, el “sándwich”, inventado nada menos que por el conde Sandwich (s. XVII), al incluir unas rebanadas de carne asada entre dos rajas de pan. ¡Vaya invento, el inglés! Nuestro bocado sólo aspiró, en diminutivo, a poca cosa. Pero en gastronomía las apariencias engañan. Y si yo pudiera rebautizarlo, diría que, no sólo por su poder energético, sino por su olor y sabor, el de “Chorizo de Pamplona” es un bocado superlativo.

Seguir leyendo

Comemos ideas… y algunas cosas más

 

Venus neolítica. Su abultada figura no responde a la idea de una copiosidad alimentaria, reflejo de comida abundante y excesiva, sino a la idea de fertilidad, propia de una finalidad o cualidad natural. No expresa la plétora como un mero hecho, sino como un fin plenificante: simboliza a la madre.

Venus neolítica. Su abultada figura no responde a la idea de una copiosidad alimentaria, reflejo de comida abundante y excesiva, sino a la idea de fertilidad, propia de una finalidad o cualidad natural. No expresa la plétora como un mero hecho, sino como un fin plenificante: simboliza a la madre.

El alimento es cultura, es idea

Todavía recuerdo con cierto regocijo la cara de asombro que ponían mis alumnos de Alimentación y Cultura cuando, en las primeras horas de clase, les explicaba muy en serio, año tras año, que el hombre no es lo que come, porque «el hombre come ideas, y sin ideas no come». Al final del curso, este enunciado solía ser una de las preguntas obligadas de examen; porque es en realidad mi convicción más profunda: el aspecto biológico del alimento es sólo una de­terminación de su significado «real». El contenido de este significado es mucho más rico. El hombre es lo que come… con ideas.

Y ponía el ejemplo de un mé­dico europeo que prestó sus servicios en una clí­nica rural de Bengala Occi­dental (India). El hindú  cree que los ali­mentos se divi­den natural­mente en fríos y calientes, no pudiendo unirse, por ejem­plo, un ali­mento caliente a un cuerpo que pa­dece una enfer­medad de orden ca­liente. El médico tuvo que prescribir, para una in­fección del aparato respi­ratorio, la inges­tión de ácido ascór­bico en forma de zumo de naranja, unido a un plato de arroz cocido, fácilmente dige­rible. Pero esta dieta no fue aceptada por los pacien­tes, por­que consideraban fríos tanto a esos alimentos como a la en­fer­medad. El médico tuvo el acierto de aconse­jar que al zumo de naranja (consi­derado frío en aquella cultura) se le añadiese miel (conside­rada caliente) y el arroz fuera cocinado en leche (ali­mento ca­liente). La nueva dieta, bási­camente idéntica, fue acep­ta­da. Seguir leyendo

Antiguas entradas Recientes entradas

© 2024 Regusto.es