Categoría: 1. Gastronomía (página 14 de 15)

Txistor y Chistorrada

Chistorrada en la fiesta popular (foto: M. Sarobe).

Chistorrada en la fiesta popular (foto: M. Sarobe).

Del parque a la alameda

Ese embutido de origen navarro semejante al chorizo, pero más delgado, y que normalmente es llamado “chistorra”, debe su nombre a la voz euskara txistor.

Pero txistor, a mis oídos, es una palabra solemne y lapidaria, como la de un noble título que sirviera para distinguir a un ilustre personaje: señor, comendador, embajador, emperador… txistor.

Y sin embargo, cuando txistor baja a la aldea, al pueblo, pierde su tiesura autoritaria y se hace convocador gentilicio, excitador gástrico, inspirador jotero, instigador de alegre convivencia. Se funde en suculenta chistorrada que cruje sobre las brasas que familias y vecinos han preparado en el campo para el día de fiesta. Yo la he degustado a campo abierto, siempre entre amigos, en Cintruénigo, en Tudela, en Lodosa, en Tafalla…; también en la Rioja y en Aragón, aunque todos reconocen su noble origen foral. Ni es concebible en Navarra una romería sin una animada chistorrada.   Seguir leyendo

El sorprendente poder de la comida en familia

Vincent W. Van Gogh (1853-1890), "Comedores de Patatas". Una comida tan elemental como la patata cocida se convierte, dentro de una comensalidad viva, en un poder de encuentro y promoción personal: las miradas y gestos de donación, y la luz que alumbra mesa y rostros, hacen de la humilde comida un hecho espiritual.

La comida en familia

Mi buen amigo Pablo González Blasco, prestigioso médico que ejerce en Brasil, y es Director científico de Sobramfa (Brazilian Society of Family Medicine), me envía una interesante reseña del libro de Miriam Weinstein El sorprendente poder de la comida en familia (The surprising power of family meals, Steerforth, Hanover, 2005), y le he pedido darla a conocer; lo hago, tras recibir su autorización.

La autora del libro reseñado es judía, pero su contenido no es de corte religioso. Es un ensayo convincente que muestra el poder de las comidas en familia, su impacto en la formación de los jóvenes y adolescentes: la comida es un modo sencillo y habitual de construir la cultura y las raíces familiares. Pero el libro no es de recetas: trata del significado de la comida en la vida familiar. Ayuda a reflexionar, a escoger opciones correctas, en este tiempo de “fast food, fast-life” que vivimos.

González Blasco destaca las siguientes ideas del libro:   Seguir leyendo

Degustación y cultura del licor

Eduard Manet (1832-1883). “Un Bar en el Folies-Bergère”. El artista retrata, con las manchas típicas de la pintura impresionista, la noche parisina de finales del siglo XIX. La joven camarera aparece absorta e indiferente a todas las miradas. En la barra están dispuestas, junto al frutero, las botellas de licor, en varios colores

La maestría sobre el alcohol

Si la cultura es elevación y sublimación de fuerzas y facultades, difícilmente podría negarse que el alcohol, amaestrado por el hombre, posibilita energías secretas, talentos ocultos. Me refiero no ya a la específica cultura del vino, sino a la del licor, o mejor, a la del alcohol en cuanto bruñe y redime su fuerza fogosa con frutos suaves de la tierra, desde la frambuesa al melocotón. Dejando aparte sus efectos negativos, que por tales ya no son estrictamente culturales, cabe decir que el alcohol es capaz de exaltar a la tierra en sus granos, al árbol en sus frutos, al hombre en sus ideas. La más alta floración cultural de occidente, la mística de un Taulero o de un San Juan de la Cruz, no es concebible sin la metáfora cierta de la experiencia sublimada de un licor, gustada en las “secretas bodegas” de los misterios.

La primera ”agua de vida”

En primer lugar, fue la farmacopea griega la que posibilitó lo que después llamaron los latinos “acquavita” (agua de vida); ya entre los antiguos pueblos orientales tuvo su origen la alquitara y la destilación. La Edad Media conoció, desde una perspectiva médica, los alcoholatos remediadores y, desde un punto de vista gastronómico, el hipocrás y la clarea. La generalización del uso del alambique en los Monasterios configuró una etapa prodigiosa.

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La soledad del que come solo

Annibale Carracci (1560-1609): “El come­dor de habas”. Cuando el pintor presenta la imagen del cliente solita­rio centrado en la función biológica del comer, vemos que su animalidad aflora desarticu­lada: su rostro desencajado, sus ojos desviados, su boca ávida, su mano aferrada al pan. La mesa no es ya un lugar de convivencia.

Mesa y convivencia

En un mundo tan globalizado como el actual, el hombre se ve con frecuencia carente de motivaciones para comer, pues en el frenético tráfago ciudadano los alimentos no son ya sentidos por él desde el punto de vista de los contactos humanos.

Baste reflexionar sobre el comportamiento alimentario de la vejez, el cual está fijado por la índole de los contactos familiares; es más, la convivencia en la vejez significa tan sólo “comer juntos”. Por eso, en la viudedad se experimenta un cambio muy fuerte en los hábitos alimentarios, ya que cada comida evoca constantemente al cónyuge perdido. Para evitar la sensación de haberse quedado solo, se tiende a comer cualquier cosa, sin sentarse siquiera a la mesa.

La comida compartida, aunque sencilla, hace que la conducta humana sea más espiritual y social.

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El huevo, entre la gastronomía y la metafísica

H. Bloemaert (s. XVII), "Vendedora de huevos". La mujer fija su mirada en el huevo, escrutando su calidad.

Simbolismo del huevo

El consumo del huevo se remonta probablemente al inicio mismo de la humanidad. Dado que hay animales que comen huevos de aves y reptiles, el hombre pudo adoptar esta práctica sin mayores cavilaciones.

Por otra parte, el hombre supo domesticar las aves de corral: ya en el siglo V a.C. aparece la gallina doméstica en Grecia. También se incluye el huevo en la pastelería de la época de Roma. Durante la Edad Media y Moderna el huevo pertenece a la alimentación modesta y cotidiana de todo Europa. Y no deja de mencionarse en las listas de alimentos que se consumían en los conventos. En el siglo XVII se estima que un buen cocinero debía conocer al menos cincuenta preparaciones distintas con huevos. Y si hoy abrimos un libro de cocina, veremos que apenas hay una página en que no aparezca indefectiblemente o el huevo entero, o la yema o la clara. Es decir: el huevo se manifiesta como uno de los productos más universales de la culinaria.

Visto con mirada histórica, se destacan en el huevo dos perspectivas: la gastronómica y la filosófica. Seguir leyendo

El relleno de Navarra

1: Relleno; 2: Con tomate; 3: Con sangrecilla (foto M. Sarobe)

En el mes de abril se celebra el «Capítulo» anual de la Cofradía del Relleno de Navarra, de la que soy cofrade de honor. La sede está en Villava-Atarrabia. Desde 2004  –fecha de su inscripción oficial– acuden a la convocatoria de cada «Capítulo» diversas cofradías gastronómicas, autoridades y público vecinal, formando una bulliciosa y pintoresca comitiva.

El relleno es un embutido que pertenece a la zona de la Cuenca de Pamplona, aunque también se disfruta en otras comarcas navarras. Se trata de una morcilla blanca o morcilla rubia, ya que en lugar de sangre lleva huevos, arroz cocido, tocino de cerdo, cebollas, ajos, perejil y azafrán, que es el ingrediente que le confiere el color amarillo. Está embutido en tripa natural o artificial y su sabor es suave con ligeros matices propios de las especias que aglutina. Es un producto ligado a las fiestas populares, pero puede adquirirse durante todo el año, siendo su temporada natural el invierno. Se comercializa en fresco y se consume frito, a veces acompañado de salsa de tomate, y también se puede utilizar para acompañar asados y verduras. Seguir leyendo

La distorsionada imagen social del pan

Fernando Botero ha sabido captar en sus mujeres gordas lo que hay en el subconsciente de las personas que están continuamente recibiendo mensajes subliminales para adelgazar. La persona acaba sintiéndose impresentable, gorda y espesa (“Yo soy así”), como Cecilia, la figura femenina de Botero, la cual gravita mágicamente en una mente humana seducida por la propaganda lipofóbica

El pan del imaginario social

El Instituto Nacional de Consumo (INC) ha editado una guía práctica, elaborada por CECU, sobre “Falsos mitos alimentarios”; uno de esos mitos es que “el pan engorda”. Y efectivamente es un mito, pero debido a una actitud de ignorantes. ¿A qué se debe esa actitud?

Los distintos y frecuentes mensajes alimentarios que un sujeto recibe del exterior apuntan la mayoría de las veces al fenómeno estético de la delgadez, cuyo enemigo declarado parecería que estuviera en el pan.

Pero, ¿engorda el pan? Esta vez es el imaginario social (las imágenes y los mensajes publicitarios que perviven en el inconsciente) el que traiciona al sujeto.

Se nota hoy un entusiasmo por los regímenes hipocalóricos, que son alabados por la prensa, pero que no tienen ninguna ventaja y presentan inconvenientes en relación con un equilibrado régimen calórico de glúcidos y prótidos.Los médicos saben que en una persona cuyo peso sea estable y la actividad física regular, la restricción de pan es una «catástrofe de la moda», pues la absorción regular de pan es un factor muy económico de equilibrio y de placer gustativo.

Ahora bien, la civilización que nos ha precedido, la de la Europa campesina, se alimentaba casi exclusivamente de pan. Según los países y las épocas, se comían entre 500 gr. y 1.200 gr. al día. El «resto», es decir, las carnes y las grasas, no constituían más que acompañantes de comidas de fiesta. Seguir leyendo

Lo natural y lo gastronómico

Joseph Bail, “The Pretty Pastry Cook” (s. XIX). La bella pastelera se dispone a realizar una faena que transformará unos elementos casi naturales en una obra de arte, en una exquisitez gastronómica: elevar lo natural a lo artístico es una tarea de libertad humana.

En el buen cocinero se refleja el incansable esfuerzo de libertad que la humanidad emprendió desde su origen para transformar lo elemental en primoroso.

Es frecuente leer que un alimento es «natural» cuando se produce espontáneamente sin la intervención del hombre.

Un día le pregunté a un amigo: ¿te comerías un producto envasado cuya etiqueta mostrara la siguiente composición: agua; triglicéridos de ácido esteárico, oléico y linoléico; miocina y actina; glucógeno; colágeno; lecitina; colesterol; fosfoaminolípidos; mioglobina; urea? Me miró espantado y negó enérgicamente con la cabeza. Quizás supuso que lo que le ofrecía estaba muy lejos de ser “natural”, es más, que era “antinatural” y repugnante. Pero se trataba de un suculento bistec.    Seguir leyendo

Del cocinero al cocinista, y vuelta

Ramón Bayeu y Subías (1746-1793). “En la cocina”. Una desenvuelta cocinera mueve con energía el contenido de una sartén sobre el fuego. Por su modo de vestir es quizás el ama de la casa. Unos aplicados ayudantes cumplen sus respectivas faenas: desplumar aves, atizar el fuego, preparar las bandejas, limpiar los utensilios.

El cocinero y el cocinista

No es posible hablar del verdadero cocinero sin destacar lo que tiene de artista, con el esfuerzo, la sensibilidad y la inteligencia que eso conlleva.

En realidad, el cocinero, tal como todavía lo conocemos, oferta normalmente una gama interesante de platos que mantienen un sentido tradicional.

A su lado, y posibilitado por la gran industria alimentaria, ha nacido el cocinista, el cual aprovecha la autonomía y rapidez de la máquina, incorpora platos congelados y semiacabados, exhibe una estandardización de modos de cocinar: sólo culmina la transformación de la naturaleza del producto. Lo cual significa que cambia la significación de la cultura culinaria. El cocinista es un cocinero sin historia; pero que se ha hecho posible por la industrialización alimentaria.   Seguir leyendo

Los enigmas de la comida light

Frederick Yeates Hurlstone (1800-1869), "Sancho intenta comer". Con rotunda expresividad se muestra el gesto contrariado de Sancho, al que se le niega una y otra vez el objeto de sus preferencias gastronómicas. Sólo se le permite comer alimentos "ligeros" (light)

Los deseos gastronómicos y el marketing alimentario

Es preciso darse cuenta de las reper­cusiones que lo light, en tanto que ofer­tado por la pu­blicidad actual, tiene en el tono emotivo del hombre y en el impulso inducido por ese tono emotivo.

Se ha di­cho que lo light encie­rra un compromiso subconsciente entre «salud, forma y gu­la». Del tono emotivo, o sea de la afecti­vidad –y no de la razón–, se desen­ca­denan unas motivaciones por lo light que no siempre es­tán justificadas.

El con­sumi­dor se ve seducido además por un inteligente marketing que se in­tro­duce en su imaginación excitada por ese compro­miso entre «salud, forma y gula», com­promiso que exige menos calorías, me­nos azúcar, menos coles­terol, menos alcohol, me­nos cafeína, menos ni­cotina…, pero sin renun­ciar al sabor, a la textura, al aroma. Seguir leyendo

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