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La distorsionada imagen social del pan

Fernando Botero ha sabido captar en sus mujeres gordas lo que hay en el subconsciente de las personas que están continuamente recibiendo mensajes subliminales para adelgazar. La persona acaba sintiéndose impresentable, gorda y espesa (“Yo soy así”), como Cecilia, la figura femenina de Botero, la cual gravita mágicamente en una mente humana seducida por la propaganda lipofóbica

El pan del imaginario social

El Instituto Nacional de Consumo (INC) ha editado una guía práctica, elaborada por CECU, sobre “Falsos mitos alimentarios”; uno de esos mitos es que “el pan engorda”. Y efectivamente es un mito, pero debido a una actitud de ignorantes. ¿A qué se debe esa actitud?

Los distintos y frecuentes mensajes alimentarios que un sujeto recibe del exterior apuntan la mayoría de las veces al fenómeno estético de la delgadez, cuyo enemigo declarado parecería que estuviera en el pan.

Pero, ¿engorda el pan? Esta vez es el imaginario social (las imágenes y los mensajes publicitarios que perviven en el inconsciente) el que traiciona al sujeto.

Se nota hoy un entusiasmo por los regímenes hipocalóricos, que son alabados por la prensa, pero que no tienen ninguna ventaja y presentan inconvenientes en relación con un equilibrado régimen calórico de glúcidos y prótidos.Los médicos saben que en una persona cuyo peso sea estable y la actividad física regular, la restricción de pan es una «catástrofe de la moda», pues la absorción regular de pan es un factor muy económico de equilibrio y de placer gustativo.

Ahora bien, la civilización que nos ha precedido, la de la Europa campesina, se alimentaba casi exclusivamente de pan. Según los países y las épocas, se comían entre 500 gr. y 1.200 gr. al día. El «resto», es decir, las carnes y las grasas, no constituían más que acompañantes de comidas de fiesta. Seguir leyendo

Lo natural y lo gastronómico

Joseph Bail, “The Pretty Pastry Cook” (s. XIX). La bella pastelera se dispone a realizar una faena que transformará unos elementos casi naturales en una obra de arte, en una exquisitez gastronómica: elevar lo natural a lo artístico es una tarea de libertad humana.

En el buen cocinero se refleja el incansable esfuerzo de libertad que la humanidad emprendió desde su origen para transformar lo elemental en primoroso.

Es frecuente leer que un alimento es «natural» cuando se produce espontáneamente sin la intervención del hombre.

Un día le pregunté a un amigo: ¿te comerías un producto envasado cuya etiqueta mostrara la siguiente composición: agua; triglicéridos de ácido esteárico, oléico y linoléico; miocina y actina; glucógeno; colágeno; lecitina; colesterol; fosfoaminolípidos; mioglobina; urea? Me miró espantado y negó enérgicamente con la cabeza. Quizás supuso que lo que le ofrecía estaba muy lejos de ser “natural”, es más, que era “antinatural” y repugnante. Pero se trataba de un suculento bistec.    Seguir leyendo

Del cocinero al cocinista, y vuelta

Ramón Bayeu y Subías (1746-1793). “En la cocina”. Una desenvuelta cocinera mueve con energía el contenido de una sartén sobre el fuego. Por su modo de vestir es quizás el ama de la casa. Unos aplicados ayudantes cumplen sus respectivas faenas: desplumar aves, atizar el fuego, preparar las bandejas, limpiar los utensilios.

El cocinero y el cocinista

No es posible hablar del verdadero cocinero sin destacar lo que tiene de artista, con el esfuerzo, la sensibilidad y la inteligencia que eso conlleva.

En realidad, el cocinero, tal como todavía lo conocemos, oferta normalmente una gama interesante de platos que mantienen un sentido tradicional.

A su lado, y posibilitado por la gran industria alimentaria, ha nacido el cocinista, el cual aprovecha la autonomía y rapidez de la máquina, incorpora platos congelados y semiacabados, exhibe una estandardización de modos de cocinar: sólo culmina la transformación de la naturaleza del producto. Lo cual significa que cambia la significación de la cultura culinaria. El cocinista es un cocinero sin historia; pero que se ha hecho posible por la industrialización alimentaria.   Seguir leyendo

Rincón de la alacena

Pierre Bonnard (1867-1947), "La alacena roja" es de un solo cuerpo. Las texturas esfumadas recuerdan el Impresionismo, aunque Bonnard no plasma la realidad en su fugacidad inmediata, sino en su vibración colorista, con tonos cálidos para los fondos.

Alacena

Es una voz que viene del hispanoárabe alẖazána.

La alacena es desde antiguo el armario, generalmente empotrado en la pared, con puertas y anaqueles, donde se guardan diversos objetos; y frecuentemente, en un rinconcito, también recetas.  Nuestra alacena recogerá aquellas recetas populares que sean a la vez sencillas, económicas y tradicionales, sin importar su procedencia geográfica.

 

Recetas de vigilia

Recetas de carnes

Frutas de sartén

Recetas de sopas

Recetas de agraz-verjus

Los enigmas de la comida light

Frederick Yeates Hurlstone (1800-1869), "Sancho intenta comer". Con rotunda expresividad se muestra el gesto contrariado de Sancho, al que se le niega una y otra vez el objeto de sus preferencias gastronómicas. Sólo se le permite comer alimentos "ligeros" (light)

Los deseos gastronómicos y el marketing alimentario

Es preciso darse cuenta de las reper­cusiones que lo light, en tanto que ofer­tado por la pu­blicidad actual, tiene en el tono emotivo del hombre y en el impulso inducido por ese tono emotivo.

Se ha di­cho que lo light encie­rra un compromiso subconsciente entre «salud, forma y gu­la». Del tono emotivo, o sea de la afecti­vidad –y no de la razón–, se desen­ca­denan unas motivaciones por lo light que no siempre es­tán justificadas.

El con­sumi­dor se ve seducido además por un inteligente marketing que se in­tro­duce en su imaginación excitada por ese compro­miso entre «salud, forma y gula», com­promiso que exige menos calorías, me­nos azúcar, menos coles­terol, menos alcohol, me­nos cafeína, menos ni­cotina…, pero sin renun­ciar al sabor, a la textura, al aroma. Seguir leyendo

Meditación sobre el brindis y el vino

 

Stanhope Alexander Forbes (1857-1947), «Brindis de boda». El cuadro sintetiza admirablemente el espíritu del brindis, dentro de una modesta ambientación, con unos pocos invitados de familia, entre los cuales se levanta el joven marino que, disfrutando quizás de un permiso, brinda al final del convite por la felicidad de la hermana recién casada.

En España «brindar» viene de una expresión alemana: Ich bringe dir’s, que significa «te lo ofrezco». Esta palabra llegó al español por medio de los soldados alemanes de Carlos V que en 1527 celebraron su victoria sobre Roma gritando esa expresión con sus copas alzadas.

Como acto de cortesía y de buenas maneras, la acción de brindar es muy simple: primero se levanta en alto la copa, a la altura de los ojos,  iniciando un gesto reverencial con la cabeza, o entrechocando la copa con la de los otros; antes se expresa un deseo por la felicidad de alguien. Seguir leyendo

La sensibilidad gastronómica y su educación

Joaquim von Sandrart (1606-1688), "El cocinero", o "El mes de febrero". El artista quiere expresar los momentos previos a la Cuaresma, en los que es lícito todavía comer carnes, expuestas en el primer plano del cuadro. Al fondo se aprecia un jolgorioso convite, previo al tiempo de abstinencia.

Hay antañones libros de cocina moderna con maravillosas y elaboradas recetas -libros que han tenido decenas de ediciones, como el de  «Geno y su cocina» 1946-. Y lo más importante: han recogido en ellos una eseñanza directa  e inagotable que los autores impartían en su propia cocina a centenares de personas que aprendieron a gustar y estimar los platos de siempre, bajo una estupenda dirección llena de buen criterio y equilibrio. Esos libros -no hay muchos, ciertamente- se hacen  imprescindiblen para analizar la cocina regional o nacional; y son todavía una referencia viva para todos aquellos que quieran adentrarse en los entresijos de los fogones.

Este hecho me ha estimulado a reflexionar sobre la importancia de la educación de la sensibilidad gastronómica, que empieza, a no dudar, por atender a las enseñanzas de los buenos cocineros.    Seguir leyendo

El placer de comer en una venta: ecos de hospitalidad

Valero Iriarte (s. XVII-XVIII), “Don Quijote en la venta”. El Caballero es asistido por la gente de la venta.

Las ventas se han distinguido como espacios emblemáticos del viajero, no importa si peregrino o cazador o montañero. Aunque ahora son en buena parte sitios donde sirven comidas y bebidas, tienen un sello especial, y su papel singular requiere un reconocimiento de su presente y de su pasado.

Es patente, en primer lugar, la realidad ambigua de estas ventas, pues no están suficientemente contempladas como tales en el ramo de la hostelería: alguien ha dicho que no son ni restaurantes, ni bares, ni casas de comidas, aunque sean todo eso a la vez. Seguir leyendo

El secreto gastronómico del Roscón de Reyes

Jacob Jordaens, “El rey bebe” (1640). En la vigilia de la Epifanía se celebraba una fiesta familiar, en la que participaban los criados. A quien le tocaba el haba metida dentro de una torta resultaba ser el rey de la velada: se le colocaba una corona en la cabeza. En el cuadro se representa a la persona de más edad como rey, el cual distribuye los cargos «cortesanos» entre el resto de personas. El que hacía de rey pagaba los costes de la fiesta. Jordaens expresa una celebración de personas arremolinadas en torno al anciano rey, entregadas desaforadamente a la bebida: el rey brinda con ellas animadamente. Aunque son visibles los excesos.

Desde hace varios años soy convocado, en la víspera de la Epifanía, por los organizadores pamplonicas de la «Cabalgata de los Reyes Magos» a participar como miembro de un jurado que evalúa un concurso de «Roscón de Reyes», abierto a todos los entusiastas de este grato confite, exceptuados los que están implicados en el negocio de la restauración. Es muy emocionante contemplar, al entrar en el salón del jurado, varias mesas en que se exponen las sutilezas de los concursantes, estelas de ilusión y entrega a la fiesta que se celebra.

El Roscón de Reyes ha llegado al seno de nuestras familias probablemente a través de dos tradiciones superpuestas: una, pagana; otra, cristiana.

La tradición pagana se remonta a las fiestas de invierno que se celebraban en el Imperio Romano, desde mediados de diciembre a finales de marzo. Durante esas fiestas se preparaban con higos, dátiles y miel unas tortas redondas que se repartían entre el pueblo. En su interior se introducía un haba seca, símbolo del sol y de la fertilidad: el haba que se planta al comenzar el invierno venía a ser una promesa de cosecha en primavera. Por eso, quien encontraba el haba escondida en la masa podía considerarse afortunado, por lo que era nombrado «rey de reyes» durante unas horas o unos días. Seguir leyendo

Aquel viejo vino español

Guerrit van Honthorst, "Violinista con copa de vino" (1624). Admira el intenso rojo cereza del líquido, sus reflejos, su transparencia, su limpidez... pero jamás tuvo la oportunidad de catar unos vinos tan excelentes como los que la técnica actual ha hecho posibles.

 

El caballero ha tomado en su mano una transparente copa de de vino. La observa fijamente mientras la balancea con un suave giro. Se la lleva a los labios y amaga un sorbo; paladea y  exclama: ¡Pardiez, gran clase! Este caballero, español por más señas, podría haber sido  Don Juan:  el de Tirso o el de Zorrilla. Pero aquel Don Juan, bebedor y porfiado, jamás tuvo la oportunidad de catar unos vinos tan excelentes como los que la civilización ha hecho posibles en su copa, con sus técnicas, sus inoxidables y su control de temperatura. Seguir leyendo

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