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Gastronomía en las «Bodas de Camacho»

Recreación romántica de las bodas de Camacho

Viandas para una boda manchega: la de Camacho

Un labrador rico. Tiene una gran casa en una población de La Mancha. Sus cuadras están llenas de recias mulas, muy aptas para labranza. Buenos viñedos, exquisitas frutas, finos aceites. Mucha tierra de trigal. Los arrieros no dejan de acudir para colmar sus hatos. El labrador se apellida Camacho y está preparando, con sus amigos, el festejo de su boda, la que se debería realizar con la bella Quiteria. Pero sabemos que ella está realmente enamorada de Basilio, un modesto campesino que no puede competir socialmente con el hacendado Camacho. En los capítulos 20 y 21 de la Segunda Parte del Quijote relata Cervantes las peripecias de este casorio, que al final tiene lugar, pero entre Quiteria y Basilio.

De interés para los fines de este blog es la preparación culinaria o gastronómica del bodorrio, que recuerda en algunos puntos el lejano banquete de Trimalción. Es relatada a través de los ansiosos ojos de Sancho, hambriento y cansado, muy poco fiado de los recursos de su señor. Seguir leyendo

Un lento camino hacia la cocina: aclimatación y domesticación

Francisco de Goya (1746-828): "Pavo". El pavo vulgar fue traído del Nuevo Mundo y tuvo tal aceptación que dejó arrinconado al pavo real que se comía desde antiguo en Europa; éste quedó como ornamento de parques y jardines.

Sentido alimentario de la aclimatación y la domesticación

¿Dónde tuvo lugar la aclimatación? Hasta hace poco era fre­cuente leer en historias de la alimentación que la acli­matación tuvo lugar en Egipto, creyendo que la irrigación natural de sus regio­nes áridas, efectuada por las crecidas periódi­cas del Nilo, dio la idea de plantar allí semillas. Pero el caso es que «no se ha encon­trado en Egipto ninguna planta sil­vestre emparentada con cual­quiera de las que primero se cultivaron» (R. L. Beals / H. Hoijer, 310). ¿Cómo se iba a acli­matar, si no existía?

Los investigadores parecen estar de acuerdo en que el cultivo de las plantas se emprendió en muchas áreas a la vez y en relación con numerosas plantas. Era factible que la técnica de la irrigación se desarrollara primeramente en los valles de las montañas, des­viando las aguas de los ríos para derramarlas sobre amplias áreas. Seguir leyendo

Una cena romana opulenta: la de Trimalción

 

 

 

Lawrence Alma Tadema (1836-1912) en «Las rosas de Heliogábalo», describe, con un punto de colorido romántico, una comida romana.

Una cena “opulenta” –o sea, profusa, copiosa y excesiva– no la podía ofertar durante el primer siglo de nuestra era un voluntarioso romano infortunado, sino sólo personajes como Trimalción, un magnate próspero y acaudalado.  Precisamente el escritor Petronio compuso hacia el año 66 después de Cristo un libro titulado Satyricón, donde se incluye un relato extravagante, la Cena de Trimalción, llena de sorpresas gastronómicas y formas bufas de servicio. Tanto las viandas como las maneras de mesa que allí se relatan únicamente podrían haberlas sobrellevado unas cuantas familias poderosas del Imperio. Seguir leyendo

Antiguas artes alimentarias: acumulación y producción

Arado egipcio. El arado romano puede considerarse como un perfeccionamiento del arado egipcio.

Acumulación y producción

Los recursos alimenticios disponibles por un pueblo determi­nado dependen no sólo del ambiente natural y de la pobla­ción, sino también de la técnica o cultura que posea. Cuanto más se supedita el hombre al ambiente para su alimenta­ción, menos libertad ex­terna e interna tiene. «Los pueblos que viven de la reco­lección y acopio de raíces, bayas, semillas e insectos dependen en su mayo­ría direc­tamente de lo que el ambiente natural les ofrece. Los pueblos que han adquirido las técnicas de la plantación, cultivo y re­colección de cosechas o de cría de ani­ma­les, y que practican los métodos de coc­ción o de otro género, que modifican la composi­ción físicoquí­mica de los pro­duc­tos naturales, hacién­doles útiles o más apetecibles como alimentos, dependen menos directamente de las ofertas natura­les del ambiente físico en que viven. Mientras que el hom­bre aprende a ex­pansionar sus recursos de produción de alimentos mediante técnicas y recursos culturales, hace retro­ceder el espectro del hambre y sienta las bases para la expan­sión de la sociedad»[1]

Las artes o técnicas para obtener ali­mentos pueden ser com­prendidas en dos apartados principales: la acumula­ción y la pro­ducción. Seguir leyendo

Una cena jocosa: la de Baltasar de Alcázar

Baltasar de Alcázar (1530-1569). Este poeta sevillano derrocha gracia y malicia en sus versos, enfocando los placeres de la mesa con imaginación amablemente epicúrea.

Baltasar de Alcázar (1530-1569). Este poeta sevillano derrocha gracia y malicia en sus versos, enfocando los placeres de la mesa con imaginación amablemente epicúrea.

No puede faltar en un blog de gastronomía el poema de Baltasar de Alcázar titulado “Cena jocosa”, una deliciosa pieza literaria que me hicieron aprender de memoria en mi niñez, siendo mis retóricas declamaciones el deleite de los abuelos.

Y es importante para la gastronomía por tres razones etnológicas: primera, porque la cena susodicha conjunta una serie de elementos básicos en la pirámide alimentaria: azúcares, proteínas, vitaminas. Segunda, porque se refiere a grupos corrientes de alimentos en el ámbito jiennense: como las aceitunas, el pan, la morcilla, el queso y el salpicón (este último podía ser un fiambre de carne picada con pimienta, sal, vinagre y cebolla). Tercero, porque indica un tipo de vino que era alabado en el siglo XVI: el “aloque”, un tinto claro o del que resulta de la mezcla de vino blanco y tinto. También habla de un recipiente para vinos, el pichel, un vaso de estaño, alto y redondo, con su tapa engoznada; y de otro recipiente, la bota, un cuero pequeño empegado por su parte interior y cosido por sus bordes, que remata en un cuello con brocal de cuerno o madera, destinado especialmente a contener vino.

Baltasar de Alcázar nació en Sevilla en 1530. Aunque fue un buen humanista, se dedicó a la carrera de las armas, sirviendo a las órdenes del marqués de Santa Cruz y de Álvaro de Bazán.

 Retirado del ejército, ejerció como alcaide de la villa de Molares, para ocupar luego en Sevilla el cargo de tesorero de la Casa de la Moneda y Veinticuatro, administrador también del conde de Gelves.

 Murió en Ronda en 1606.

Sus poemas son festivos o jocosos, y a veces satíricos. El placer de la buena mesa (la de entonces) comparece con matices amablemente hedonistas, con talento para la métrica e ingenio en la composición.

La “Cena jocosa” está compuesta en redondillas (cuatro versos octosílabos), hilvanadas con ingenio y gracia, adjetivando los manjares que componen la cena y mostrando aspectos costumbristas inolvidables.

 

Casquería

Francisco de Goya (1746-1828): "Bodegón" con carne vacuna. El pincel de Goya se desliza con extrema agilidad por la cabeza y el "interior" de una res, donde se pueden apreciar elementos de casquería.

Casquería: una cultura gastronómica

Cuando se me ofrece algún plato de casquería, siempre me acuerdo de la aversión que don Miguel de Unamuno mostraba por estos preparados culinarios, tan apetecidos en la capital de España, allá por finales del siglo XIX y comienzos del XX. El muestrario que ofrece puede que nos haga sonreír: «Los modales, los chistes –esos horribles chistes del repertorio de los géneros chico e ínfimo–, la literatura, el arte –sobre todo la odiosa música que se aplaude en los teatros por horas–, la navaja, los bailes, la cocina con sus picantes, sus callos y caracoles y otras porquerías; los toros, espectáculo entontecedor, por el que siento más repugnancia desde que se ha declarado cursi el pronunciarse contra él, etc., etc. Es una oposición íntima y de orden social» (La crisis del patriotismo). Don Miguel estimaba, por aquellos tiempos, que la casquería madrileña iba indisolublemente unida a un modo vulgar de entender la vida y a una cultura populachera y entontecida.

 

Ricos y pobres

Es comprensible que en tiempos de bonanza económica, el aprovechamiento de los animales que ingresan en la cocina sea parcial; normalmente quedan fuera los llamados “despojos”, como asadura (las entrañas), cabeza, manos y criadillas (testículos) de las reses; y también  alones, molleja, patas, pescuezo y cabeza de las aves. Todo ello constituye lo que se llama “casquería”. Seguir leyendo

El tenedor: un cortesano en la mesa

 

En cualquier iluminación de un manuscrito medieval que exponga gente alrededor de la mesa, apenas se hallan utensilios como cuchillos o cucharas y nunca el tenedor.

Un refinado comer con los dedos

Los modos de mesa no se vieron en­riquecidos y refinados com­pletamente en Europa hasta que incorporaron lo que hoy denomi­namos tenedor, un sencillo utensilio que consiste en un astil con dientes o púas en un extremo. Con el te­nedor alcanza Europa la objetivación cultural más alta en el trato con la co­mida, pues rea­liza la mediación pura del hombre con el alimento, sin tener que to­carlo con los dedos o las manos. El te­nedor abre las puertas de Europa a la modernidad. Incluso los refinados roma­nos comían con los dedos; y la diferencia entre un plebeyo y un patricio estri­baba en que aquél lo solía hacer con los cinco dedos, mientras que éste utilizaba sola­mente tres, sin ensuciarse el anular y el meñique. Así lo enseñaba Ovidio: Carpe cibos, digitis, est quiddam gestus edendi; ora nec inmunda tota perunge manu. Seguir leyendo

Un canto gastronómico al puerco

Rufino Peral: "La matanza del cerdo". Este artista asturiano adopta una tendencia cubista y vitalista para realzar las figuras humanas insertadas en costumbres populares, como ésta de la cooperación familiar para la matanza del cerdo.

Me ha enviado Sebastián Damunt, desde Murcia, fotocopia de un delicioso ejemplar que ha encontrado en la envidiable biblioteca que su padre le legó. Me aclara que son dos hojas (cuatro caras a dos columnas) encuadernadas como un librito.  Y lo más sabroso del envío es que se trata de un férvido poema sobre … el puerco.

La trova es  larga en extensión: tiene cincuenta y ocho estrofas; pero es larga también en materia especulativa, pues agota las lindezas que imaginablemente puedan decirse de ese animal.

Aunque en el frontispicio del original no figura el autor, al finalizar el poema podemos leer: Con licencia, en Barcelona, en casa Lorenzo Dèu, Año 1613. Y véndense en su casa delante el Palacio del Rey. Tenemos, por lo tanto, el año y el nombre de un tal Lorenzo Dèu, cuya casa estaba en Barcelona, delante del Palacio del Rey. He ahí el sujeto y su tiempo.

El autor compone su poema en estrofas que tienen forma de quintillas, o sea, con cinco versos, en este caso de ocho sílabas. La rima es siempre consonante; y se atiene a dos principios básicos de esta composición. Primero: que en las estrofas no pueden tener la misma rima tres versos seguidos. Segundo: que los versos no pueden acabar en pareado ni quedar alguno suelto o sin rima. Seguir leyendo

Lo viejo y lo nuevo de las especias

Las varias "rutas de las especias" estuvieron asediadas por la piratería, en el Mediterráneo, en el Atlántico, en el Índico. Tal era su codiciado valor económico.

Las especias en el mundo antiguo y medieval

En su discurso de ingreso en la Academia Navarra de Gastronomía, Dña. Paloma Vírseda ha realizado una convincente reflexión sobre el uso actual y, especialmente, futuro de las especias, que el lector puede encontrar en este blog con el sugerente título La ruta de las especias en el siglo XXI.

Sobre la nomenclatura y utilización histórica de las especias escribí hace algún tiempo varias páginas en mi Dietética Medieval, de las que aquí daré una breve noticia, con el ánimo de que el lector vuelva luego al escrito de Vírseda.

Ya los romanos exigían una condimen­tación esmerada en sus comidas y estable­cieron hasta la India rutas de la pimienta, adqui­rida a cambio de vinos y metales pre­ciosos. Pero de cada dos bar­cos que salían del imperio sólo uno regresaba a salvo. Este riesgo, unido a la enorme distancia que debían recorrer, hizo que, por ejemplo, el precio de la pimienta fuese exorbitante. Seguir leyendo

Cocina popular y cocina internacional

Claude Joseph Bail (1862-1921), «Le Petit Cuisinier». El buen cocinero se hacía en la cocina, desde pequeño. Con trazo realista, el pintor representa una posible situación lúdica del aprendiz, con un gato en el hombro.

 

La cocina popular: un gran pasado

La urbanización ha transformado la relación del hombre con las viandas, consumidas ahora por mucha población en autoservicios o enlatadas con escasa calidad gastro­nómica. Se han perdido en los pueblos de España, por ejemplo, las tradicionales maneras caseras de realizar las “matan­zas” de cerdos y ovejas, con las opor­tu­nas recetas de preparar carnes en ado­bo, chorizos, jamones, morcillas, buti­farras. Las recetas tradicionales y familia­res de quesos y embutidos (que exigían un deli­cado tra­tamiento y una profunda y con­tinua inspección) son imitadas leja­na­mente y aplicadas por las modernas in­dustrias alimentarias, muchas de las cua­les sustituyen la lenta maduración por el control químico.

En realidad, siempre ha existido, junto a la cocina popular, una cocina experimental, surgida o bien el deseo inventivo de los próximos o bien por el influjo novedoso de lo foráneo.

La cocina popular lega modelos culinarios

Los “modelos cu­linarios” vienen a ser como los grandes temas de una fuga musical de sabo­res, cuyas variaciones organísticas se encuentran en un espacio muy amplio. Baste pensar, por ejemplo, en el “modelo culinario” español de la humilde mor­ci­lla y en sus variadísimas modu­laciones regionales: de cebolla, de arroz, etc. Digamos lo mismo de la paella, las migas, la olla (con sus variaciones de pote, escudella, pilota, cocido), la fa­ba­da o el gazpacho.  Estos “modelos cu­linarios” de la cocina popular están tan profundamente arraigados en el pueblo que acaban emergiendo incluso cuando la cocina entra en crisis de identidad.

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